Al rojo vivo ¡Todo está alegre, menos mi alegría y todo, largo, menos mi candor, mi incertidumbre! Mi triste tristumbre se compone de cólera y tristeza y, a su borde arenoso e indoloro, la sensación me arruga, me arrincona. Execrable sistema, clima en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada, la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre. La tristeza se cuela en el mediodía, se empoza a veces en el corazón, con un sabor a nostalgia. La alegría, en cambio, ese rumor de los cauces de agua de la infancia, para hacer crecer almácigos de encantamientos y contenturas, hasta ir construyendo en la sonrisa de las estrellas la dulzura de los días vividos y los por vivir. Lejos agotamientos o desgastes, llagaduras, desgarros, destrucciones. Vivamos la alegría de por vida. En el supremo instante sonreír. Que nunca la tristeza nuestra sea. A punta de alegría el porvenir. Afirmarla, nombrarla, repartirla. Apostemos la vida a la alegría. Hagamos el azul o la alegría. A bretel caído, a calzón quitao, al rompe, al filo o al compás del sueño, al vino vuelo de la rosa roja; a tientas, a escuras, a toda luz; a la chita callando, a pie juntillas, a bocajarro, a tiempo, a destiempo, al alba, al ex abrupto, a las primeras; al derecho, al revés, a troche o moche, al rojo vivo, al alimón, al encendido o escondido; de todos modos, dentro del campo, fuera de campo; contra uno o contra todos; contra el cero o contra el infinito; en la alcoba, en el ágora, en el prado, en un garito, en una barricada, en un motín, en una encrucijada; en periferia o fuera de lugar; en el miedo, en el medio, en el subfondo; santiamén, apagón, glorieta o misa; por un soneto, un trébol, un té o un anillo de hojalata; un empujón, palmada o toque puerta; por una muñeca que llore como cualquier poeta o cualquiera de nosotros; por un par de lámparas viejas, por dos bombillos, por un plato de lentejas, por dos piernas fructosas, por unos pechos luz o unos senos flor, por el orgasmo del valor en celo, hagamos el azul o la alegría. A todo lo ancho y a todo lo largo; a todo lo angosto y todo lo hondo; desde el principio hasta el fin; por todos los costados; por dos ojos vagabundos, nocturnos, callejeros; por una sonrisa o cuatro besos; por los dados de la túnica jugada; por los colgajos que se guinda en las orejas la mulata, la terracota, la pálida, la morena, la amarilla, la catira o hiperbórea rubia de los sueños. Por un fiado y tres ginebras, tres arreboles o luciérnagas; por unas blancas colinas o unos muslos blancos cuando vayan de silencio. Por una baraja incompleta; por este mientras, este con todo o a pesar; por este nunca y este cuando; por este punto suspensivo, este punto y aparte; por el punto final de este junio o el inicial que nos aguarda, hagamos el azul o la alegría. A paso firme, recio o redoblado; en casa o fuera de ella; en la azotea, en el desván, la acera, en el jardín, en el altillo o la escalera; en las buenas y en las malas; por quien se llame pedro, pablo o pura; por tres jazmines vivas, en pelotas; por la insomne vagina de las vírgenes; por la humana materia rediviva; por el fuego sacro; por la gracia bíblica, el dios desconocido o los dolores colectivos; por quien no almuerza, toma, ni se ríe; por quien no tiene su vestido azul; por el que nació o no ha nacido; por el que solamente ha nacido; por el gato triste, por el piojo ciego, por estas fiestas, estas dudas, estas horas, este rato, este sol, este trato, este viernes, este trago, esta copa, sin más ni más, así nomás, no más, por quien desencadene, atice y ría, con júbilo, vivamos la alegría, levantemos la copa, la alegría, definitivamente la alegría, eternamente estalle la alegría, vivir por la alegría, combatir, de cara al sol, morir por la alegría. San Cristóbal, Táchira, Venezuela 26 de Junio de 2007 Apertura de la Copa América Venezuela 2007 |
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Nunca conoceremos lo desconocido Nunca conoceremos lo desconocido. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. La forma es el color. El paisaje sólo existe en la naturaleza. La ruptura proviene siempre de alguna huella del camino. Una línea, tres, bastan para hallarle el alma a alguna tarde, el aroma a un asombro o el gemido, la pena, a una nube. ¿Es preciso saber el nombre de los hombres? Oír al hombre basta. Su nombre dejémoselo al viento. Uno más engarzado en la alambrada, vibrando en el camino. Líneas, formas, articulaciones, andamiajes. Un cuadro llama al otro. Un asomo reta al otro. Una línea sigue en las otras. Un color flotando más allá del último horizonte. Línea a línea téjense los astros, brotan los contornos, los perfiles, los relámpagos. Dibujo tras dibujo, de mar en mar los frutos de la tierra tras el fuego. En regia fila las líneas, las planicies, hondonadas, muchedumbres; figuras, quiebres, caos, cosas. Isócrona geometría en onírica resonancia. Vestigios de insomnios, desfiles de enigmas, claridades, sombritudes. Luz, música interior. Génesis, memoria vegetal. El cuerpo del secreto, de la luz, el mundo de los símbolos; lo obscuro de las sombras, lo visible del misterio, los tejidos del alma; el claror del sueño, el fuego musical, el principio del encanto. Océano, musgo, rompeolas, eternidad. Vacío pleno de inminencias, intersticios. Temblores, filos y fisuras. Entrañas, crujientes hendiduras. Crecientes, pliegues milenarios. Archipiélagos, orilla pura, noche diluvial. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. En orgiástica pasión, el hombre deambula. El clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida, itinerario, término, confín. maggio 2007 |
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500.000 Al cantar el gallo. Al romper el día. Al abrir el sol. A filo de madrugada. Veinte, cuarenta, sesenta hombres, hombres en fila, huellas en el polvo, rostros inconclusos. Cálidos, amargos, en vigilia, cándidos, furentes, engranajes listos, entrecejo insomne, briznas al viento, con lágrimas salobres. Si nos diéramos las manos y formáramos la rueda, sin mirarnos la cara, sin saber quién es quién... sesenta, cien, mil, doscientas veces mil, doscientas cincuenta mil veces mil, quinientas mil manos fueran el perímetro exacto, con un poco de tierra, para vivir otra vez. Dos poeta, cinco poetas, diez poetas, veinte poetas, quinientos mil poetas, gallos flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez. A madrugar. A liberar. A restaurar. A sembrar. A crecer. Al agua. Al sol. A la espiga. La luna alumbra nuevas intenciones. |
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Golpe de amor Hacer silencio para darle paso a la luz. Colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Dejar que las cosas sean. Dejarse ser, dejarse ser, ser, ser. Ser lámpara en la noche de la aldea. Escuchar el aplauso de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a pesar del estruendo de las hambres. Tentar, medir, pulsar, darle tiempo al camino a que regrese. Saber de dónde nos sacó el hechizo y contar con la última embestida. Contar las cosas increíbles como si fueran reales y las reales, como si fuesen increíbles. Reconquistar nuestro origen. Reconocer que no hay quejido mayor que el del amor. Estar atento al parte de guerra. Saber que existen caminos que no hay que seguir, ciudades que no hay que asediar o atacar, ejércitos que no conviene hostigar, preguntas que no hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué cumplir. Saber lo estrictamente indispensable. Participar en el engaño, en el ardid, la situación o la apariencia. Llevar la astucia al máximo posible. Adaptarse a la situación, sobre todo a la situación ajena. Avanzar por caminos tan insólitos que nunca el adversario logre descubrir. Dar con el más vulnerable de los puntos. Batirse en retirada o perseguirla. Contar con la moral, el ánimo, el terreno, el clima, el mando, la ocasión y la doctrina. Descubrir el esquema general del enemigo. Como el agua, adaptarse a las formas nuevas. Usar ataques directos e indirectos. Pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña. Protegerse del árbol que se agita, del pájaro que se espanta, del polvo alborotado, del llanto de la bandera en el contrario frente. Distinguir claramente entre terreno accesible, deleznable, angosto, accidentado, fronterizo, clave, convergente, difícil o mortal. Conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada. Conocer las fuerzas naturales: el fuego, el risco, el agua por la escarpa. Contar con el agente secreto inevitable. Administrar pertrecho y proyectil. Adelantar, vivir, sobrevivir. Resistir hasta el último combate. Cuidar con tiento cada retirada. Huir de frente, atacar de retirada, volver caras, triunfar en la derrota. Ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro. Rechazar la sentencia de la muerte. Asumir alto el triunfo de la vida. Blandiendo diapasones subversivos, llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la lágrima del pueblo. Coronada la lucha, asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre, como un golpe de amor en cada miedo, como un claro de tierra en la mirada de cada madre que se muera. dicembre 2006 |
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SARA In memoriam: Sara Quintero de Rosas q.e.p.d. ¿Cuál el destino de una flor si no alumbrar en amor y aroma fina? ¿Cuál el destino de una flor erguida: ser llama, hechizo, magia y hermosura? ¿Eterna, frágil, casta, fiel y sola vive la rosa solitaria y blanca? ¿De qué color el alma de la rosa, será violeta el sueño de su vida? ¿Es un reto a la sombra su blancura, es un presagio de la luz del alba la lumbre de la rosa entre la sombra? ¿Cuál el destino de una flor si no arpegio en la garganta de la vida, silencio acurrucado en el camino? settembre 2006 |
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Vulva del desierto Despiértala Diamántala Embriágala Encárnala Encántala Alóndrala Palómala Distráela Olorósala Respírala Perdúrala Vuélvete Lluévela Arrúllala Asómate Abrázala Relígala Háblale Llámala Dánzala Húndete Cúbrela Préñala Híncate Nádala Lámela Llévala Tómala Cántala Gózala Ábrela Árbola Mírala Óyela Vélala Álbala Bésala Rézale Páblala Mórala |
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GRITO Grito de hombre o de mujer Grito perdido en los tejados Grito del tiempo desguazado Grito en soledad encabritada Grito de guerra dolorida Grito de rabia desplomada Grito de demencia asqueada Grito de hombre de mujer Grito de todos grito macho Grito aullido hambre a gritos Grito reto en el lugar del grito Grito en la palabra en el coro Grito en la canción asombro Grito en el riel en la calle Grito visión misterio subversión Grito magma hojarasca huracandad Grito volcánico auroral carnal Grito greda alma fragua tempestad Grito cósmico faro barro alzado Grito macho hembra hermafrodita flor El grito a sangre y fuego a paso largo capaz de amar capaz de armar la paz |
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Ahora entiendo La cascada de esta torre internáutica de mis noches se apodera me vuelve pez y hace ir al mar |
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Salmo en ristre Oscura vereda. Un desierto el alba. Un espinar la tarde. Un tunero la noche. Llaga desolada. Fosa implacable. Falsa promesa. Suprema confusión. Apagado lucero. Fango turbio. Ciénaga. Desesperada ficción. Sequía desbordante. Magma horrible. Falsa vida. Falsas aguas. Falso sol. El alma confortada en los vericuetos de la noche. Púdrese el enfermo. Nadie trae el pan. No lo hay. Hay hambre, desolación, gemido, pena. Muerte, en cada esquina. Veredas en la sombra. Caminos falsos. Falsas esperanzas. Promesas falsas. Falsas obras. Todo ensombrecido. Falsificación total. Valle de tinieblas, lóbrego, tenebroso. Largo dolor. Sin una lucecita para tanta pena. Para tanto lagrimón en la vereda. Celadas, sueños, emboscadas. Cuevas, botines, dioses, demonios, bosques y maldades, cabe la muda paloma de los lejanos terebintos.
Nunca, un cayado más incierto. Jamás, noche más sombría. Horripilante y ciega. Embuste, delirio, desconcierto, desespero, universal destierro. Aguardemos, obedientes, la vuelta, el desagravio, la mañana eterna. Volvamos de golpe el golpe. Envetemos bolivarianas fragosidades. Mastiquemos brasas, ya no hay dónde bajar, dónde subir. Arriba el sufrimiento armado. Varios días el viento cambia de aire. Cae agua de revólveres lavados. Recógete a reír en lo íntimo de este celo de gallos ajisecos soberbiamente ennavajados. Nos espera la sombra apercibida. Nos espera la sombra acuartelada tras la muda paloma de los lejanos terebintos.
Sobre la paloma muda de los lejanos terebintos, hojean, persiguen, oprimen y combaten los enemigos, emboscados entre nubes tardecidas. El temor invade noche, soledad, espera. Al acecho, alguien arrebata la vida. Errante, quejumbroso, solitario entre la noche, zigzagueando sombra, vendaval, el hombre prosigue con la noche a cuestas.
¿Si su Dios arranca la vida de la muerte, qué podrá el hombre contra el hombre? ¿Qué podrá temer si se ampara a la sombra de sus alas? Al amparo de tus alas, Señor, cumpliremos votos, planes, sueños, cada día. ¿Hasta cuándo habéis de ensañaros contra el hombre? Como un soplo son los hijos de los hombres, menos que un soplo. Sólo en Dios está el poder. Saltemos de gozo a la sombra de sus alas junto a la muda paloma de los lejanos terebintos.
Los que asechan contra la vida serán pasto de los chacales. Dios dispara contra ellos su saeta y de improviso son heridos. Visita la tierra, temperándola con su lluvia. Dispersa a los pueblos que se deleitan con la guerra. Conservará nuestra vida y no dejará que nuestros pies vacilen. Dará casa a los desamparados, sólo los rebeldes se quedarán al seco. Sobre los lirios la muda paloma de los lejanos terebintos. Sean confundidos y avergonzados los que buscan mi vida, tu vida. Sálvanos, Señor de las manos del malvado, de las manos del perverso y del violento. Hemos sido para muchos un asombro, porque tú siempre fuiste nuestro seguro asilo. ¡Despierta! ¿Cómo es que estás dormido? ¡Despierta, no nos dejes del todo! ¿Olvidaste nuestra miseria, nuestra opresión? aprile 2006 |
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Frida basta acabo de encontrarme con las raíces de Frida con sus senos en flor con sus raídas vestiduras con sus arenas sudorosas con su cabellera en sueño con su vulva sus olas sus enojos cómo me hubiese gustado vivir junto a ella para tomarle -hundido en su entrepierna- una foto con una cámara Laika durante alguna de sus batallas sus discursos sus orgasmos sus jadeos sus cejas sus ojos la tarde en vena permite saber de la espesura del cuerpo furente de la Frida la que ha hecho mover nuestros horcones el Sol la Tierra asisten con nosotros a la vespertina misa vegetal donde guinda la lluvia sus morrales Frida en el vello de tu pubis quisiera yo ahora ahogarme Frida basta para que el hombre desnudamente se masturbe exista cante ría sea |
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Sea la luz Sucedió y es cierto que los valles dormidos despertaron y los ríos penetraron el corazón del valle y los de las montañas y hablaron los ríos el océano brotó de una de las apasionadas conversaciones entre el río y la montaña y de agua se poblaron las tierras el caldo prioritario calentó las calderas del tiempo y grano a grano se desliza la vida primera candela de conciencia sonidos y silencios sumidero del espacio por allí escapa el verbo su invención es casi inmortal y si no hay viento es necesario crearlo entonces verbo hace viento sucede que viento no muere y viaja y se anima y nacen todas las cosas los animales enjambres de cosas para el verbo carne fuego sangre agua luz sonidos metal músculo cerebro sueño creación universo sea la luz para la aldea el alba un día sea inevitable nada fijo todo flujo repentino reordenamiento interactivo selección natural nueva entidad irreversibilidad acontecimiento posibilidad orden a través de la fluctuación interacción conocimiento tácito en lo más hondo la verdad cada palabra en las demás en un hombre todos los hombres formando el universo desde una misma butaca viviendo la vida homología fundamental fluir de la energía lo repentino y nuevo el contacto locura circular a la intemperie compleja realidad del universo áreas comprometidas disponibles para un futuro no programado distorsiones de cualidad trama encantada al azar al margen de la conciencia nadie escoge adivina termina adivinando ver lo que todos ven y nadie piensa recuperar recuerdos palabras expresiones ideas sucesos imágenes cantos galerones melodías escudriñar activamente los dispositivos abiertos semiabiertos reconocibles (in)imaginables tocar el cerebro como se toca el piano expresar las ideas con palabras y oraciones adecuadas lejos de todo guirigay sampablera baturrillo papiamento levantarse temprano a saludar el alba recuperar el hilván con que zurzamos el espacio de la caída donde vida sea arte arte vida fija la mirada en el libreto asomarnos al canto de los árboles escuchar el aplauso de los pájaros acabar con el vértigo la urgencia acabar con la guerra que nos cruza con la noche que nos cruza con el hambre que nos cruza paridora de soles cruce el alba acabar con la crisis que nos triza con el caos que nos acosa con el caso del ocaso con el saco de la cosa con el asco del ocaso que te acosa con la tisis que nos crispa acosar al caos al ocaso de las cosas pasto sea de demonios el asco de los dioses sea la luz para la aldea el alba un día sea inevitable la fuerza del grito la sombra del silencio la palabra de pie como el rocío noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbra todo ocaso va viene se repliega caos cosa caso asco saco acaso acoso grabar el sueño entre los árboles desentrañar los secretos al asombro estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada /psa Miércoles, 19 de diciembre de 2007 |
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Pasa la hoja Desflora la blanca agenda. Desgaja un instante al tiempo. Inventa el tiempo. Pasa la hoja. Quítale un minuto a Dios. Dáselo al hombre. O a tu madre. Comienza lentamente. Intérnate en el camino nuevo. Una vez emprendido el viaje, sigue puntualmente al sol. Hoja entre los vientos, acuérdate del viaje hacia la sombra. Párpado de hormiga, convéncete del viaje sin regreso. La vida nos llama, nos nombra, nos acusa, nos grita, nos reclama. Siéntate en el lugar del hambre a gritos todavía. Siéntate en el lugar del grito, vivos todavía. Este presente liso como una tabla, fresco, esta hora, este día limpio como una copa nueva. Álzalo. Ofrécelo a la vida. Llévalo a la calle y al jardín. Paséalo. Ponlo frente al sol. De cara al porvenir. En santa paz. Tintinéalo. Recuérdalo. Nada en él de cobarde o de maldad -del pasado no hay una telaraña-. Fanal, aurora, amanecer, camino. Un camino entre el vientre de la hoja. Camino caminando con el viento o viento deshojado en el camino. Tocamos con los dedos el presente, cortamos su medida, dirigimos su brote, está viviente, vivo, nada tiene de ayer irremediable, de pasado perdido, es nuestra criatura, está creciendo en este momento, está llevando arena, está comiendo en nuestras manos. Vivo, en nuestras manos, echémoslo al voleo. Niño, virgen, transparentemente azul, librémoslo de mal. Dejémoslo correr. Grabémoslo, hondo, en el fogón. Cuidémosle su tino, sus ansias, ilusiones. Sus alas, todas, libres tras los cielos. Cógelo, que no resbale, que no se pierda en sueños ni palabras, agárralo, sujétalo y ordénalo hasta que te obedezca, hazlo camino, campana, máquina, beso, libro, caricia; corta su deliciosa fragancia de madera y de ella hazte una silla, trenza su respaldo, pruébala, o bien escalera! Defiéndelo. Consiéntelo. Quiérelo. Hazlo surco, arado, sueño, cabecera. Hazlo árbol, fuego, girasol, lucero. Arroyo, fogonazo, campanada. Vereda, resplandor y compañero Sube en el presente, peldaño tras peldaño, firmes los pies en la madera, hacia arriba, hacia arriba no muy alto, tan sólo hasta que puedas reparar las goteras del techo, no muy alto, no te vayas al cielo, alcanza las manzanas, no las nubes, ésas déjalas ir por el cielo, irse hacia el pasado. Alcanza tu mañana. Arriba! Arriba! Hacia la estrella! A ésta bájala hasta el suelo! A pesar de huracán o ventisquero, con el arma cargada de esperanza, al frente, a la vanguardia, de primeros. Álzate temprano. Ábrete camino. Sube la cima donde ondean -de noche- las luciérnagas. Tú eres tu presente, tu manzana: tómala de tu árbol, levántala en tu mano, brilla como una estrella, tócala, híncale el diente y ándate silbando en el camino. Tú eres tu camino, tu aldabón. Ándate silencioso, fraternal. Asegura, furente, la batalla. Elévate, soldado, en el fragor. A pesar del presagio, corre, vuela, en el viento, en la sierra, en la arboleda. ¡Tú sólo eres un sol, alienta, brilla! ¡Tú siempre tu presente, sueña, alumbra! ¡Sube a nacer conmigo, hermano! |
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Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra Infatigable huésped milenario oráculo perenne del destino se ensaña contra el hombre desde siempre y más contra el hombre de este tiempo Acosa su figura lo atropella cabalga con los siglos dibuja y desdibuja las fronteras donde rebota alegre la pobreza Carga con los sueños de los árboles y acaba con praderas y con valles Implacable enemiga de los hombres cruelmente los azota en todo tiempo Primero fue Caín quien no supo de su hermano y con él surgieron tantas guerras que bastaría juntarlas para poblar una segunda tierra Después fue un pueblo en el desierto en busca de la tierra prometida Hoy los hombres pelean por la Luna Mañana se disputarán el Sol Hiroshima tan sólo fue una muestra De niños supimos de Corea Recordamos la suerte de Vietnam alarido de un pueblo combatiente amarrado a sus entrañas vivas En Sabra y Chatila en Kandahar Najaf y Falluja salpican de sangre las estrellas ¡La sangre se derrama sobre América! ¡A América desangra el corazón! Cuando niños la guerra era con la lluvia los barrizales los cangilones Entre risco y farallón iban nuestras vidas Había que luchar contra corrientes de ríos impetuosos desbordados Por dos o tres monedas sudábamos entero el día Hombre y animal y apero convivían a la sombra del patrón Viniendo la ciudad llegaron otros vientos y otras lunas Fuimos y vamos con la guerra La guerra cabalga con nosotros Quienes conocemos todos los vientos de Los Andes conocemos la cara de la guerra Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra En la guerra se trabaja el odio con pavura mientras entonan los grillos su canción de cuna Por la guerra Homero vislumbró la morada de los dioses y Heráclito entrevió en ella la madre de todo porvenir Igualmente guerra siempre ella nunca tiene un solo modo Son muchos los modales de la guerra La que sacude todos los cimientos de la tierra La que martilla todas las conciencias del planeta A la que juegan los niños en el parque La propia cara de la vida La que nos acecha en el camino La que se ha apoderado de los hombres La que no nos deja oír ni a Schubert ni a Beethoven La que nos ha hecho olvidar a Dulcinea La que confirma una vez por todas que sí existió el infierno de Dante y de Rimbaud y que fue en el castillo de Muzot donde Rilke escribió sus sonetos y elegías y vivió su propia muerte La que nos recuerda que Shakespeare tenía razón cuando nos puso a dudar frente a nuestra propia calavera La que nos hace sentir amigos de tantas lejanías La que hace que las aguas atestigüen nuestras vidas La de la eterna metamorfosis de los hombres y las cosas La que hace estremecer antiguas y nuevas armaduras La que se esconde en la noche de los hombres La que nos aleja de los ojos del amigo La que nos confirma que el tiempo de ahora nos destruye La que nos hace creer en el destino implacable de estos días terriblemente deleznables La de los gritos horrorizados de los niños de Biafra y de Vietnam Por la que se marchitan los follajes en el campo Aquélla que no nos deja sorprendernos delante de tanta sorpresa cotidiana La guerra la enemiga de la paz La que nos distancia tanto de la estrella La que nos ha borrado las auroras de los hombres La que no ha sido capaz de impedir el alumbramiento de las flores después del fogonazo mañanero Por quien ya casi no sabemos del relente aquel de la primera aldea Por quien parece que Dios se ha vuelto sordo y se ha puesto del lado contrario de los hombres Pudiera ser la guerra Pudiera ser la paz La paz la guerra la guerra la paz Vamos amor a la montaña nos llama el aire el sol la primavera graciosa la floresta el río y toda la arboleda Juegan las sombras cuando las nubes pasan Sentémonos amor a ver las mariposas Hermosa la vida y pasajera Los sueños desde el cerro despeñándose Mi montaña amor la madre de mis versos de mi azul de mi pobreza mi desnudez y mi inconstancia y vuelo Pero amor ¿y sólo riachuelo brisa bienandanza y sol? Allá también el campesino Yo también hice de jornalero Conocí los surcos y el café la pobreza de los míos el viejo con su carga cada sábado a mi pueblo Los adioses se cruzaban El río tranquilo y cristalino y nuestra sed que lo veía mientras el sol quemaba hombre y carga y animal y sueños Ahora aquí amor entre neblinas cerca de los cielos Verdes tonos inmensidad de azules el aire silbando en nuestras sienes Hasta volvieron a pasar las ovejas de mi tía aquélla que murió de no se supo qué La naturaleza amor que nos envuelve el alma Un volar por los campos y veredas para encontrarnos con el sol Tempestad sobre invierno La música del alma girando en mi conciencia campesina Riachuelo paisaje sueños El amor y el hombre que trabaja y que suda por atajar el pan en cada surco El río tranquilo nunca deja de correr como nuestros sueños a la mar Es como de tarde amor oscurece todo tiembla Dormidos de soledad solos nos quedamos Faltan la fiesta campesina la tempestad y el himno del pastor Después vendrán si es que quedan campesinos en mi aldea Vendrán también la tempestad y el himno después de todo amor! Pudiera ser la guerra Pudiera ser la paz la paz la guerra la guerra la paz La paz compañera de la infancia La que ya nos hubiera comprobado que sí existieron hombres en la tierra La que hubiera dejado vacíos los infiernos y crispado de terror al propio diablo La paz la cantada por David en plena aurora en aras de la suerte del pastor camino del redil Porque acabado todo aquí en la tierra para que vuelvan a nacer las flores basta el azul de alguna mariposa Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra La guerra la que hace crujir las hondonadas y temblar la espesura de la tierra La que ya llegó a los astros y nos vigila desde el cielo La que despelleja las lagartijas del desierto La mezquina horripilante guerra en la que los hombres todos nos metimos La que levanta de raíces a los árboles y destaja el corazón al guerrillero La que habrá de despertar las momias de Egipto allá en Turín y hacer que renazca un día el Che La que hace que Bolívar y Sandino sigan vivos a pesar de la rabia de los hombres La que ha de devolvernos a Martí para que armado con sus versos siembre nuevamente la esperanza entre nosotros Aquélla por quien se quejan los pórticos del cielo y se acabaron las ninfas de las fuentes La que marchitó el corazón de las mujeres y nunca más las vimos ir al arroyo a recoger agua La que hizo que en mi tierra se acabaran los aljibes Por quien también fueron al traste los tinajeros espantapájaros del tiempo Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La paz la guerra la guerra la paz La paz por quien hasta Dios nos escuchara o al menos estuviera de parte de los hombres Por quien ya habrían llegado los árboles al cielo La paz la paz la paz la paz la paz Por quien la Luna estaría sembrada de arboledas Por quien hasta las hormigas habrían aprendido a hablarle más claramente a nuestros hijos y las cerbatanas nos hubieran confiado parte de su azul misterio Por quien conversáramos ya con frailejones y palmeras La paz la morada suprema de los ángeles La que se nos desterró del Paraíso La guerra la paz la guerra La que hizo que la noche fuera nuestra gruta cotidiana La paz la guerra la paz Por quien ya hubiéramos convertido al mismo Dios Por quien las madres estuvieran a esta altura criando flores en sus senos La paz por quien la primavera se hubiera apoderado de la tierra y a nadie le faltara el sol Por quien no hubiera fugitivos en el mundo y se hubieran borrado las fronteras Por quien estuviéramos repartiendo juguetes en la tierra Y los árboles diría Vallejo fueran hombrecitos Por quien las estrellas vivieran más cerca de nosotros Por quien ya hubiéramos dado con el hermano que eternamente nos espera en el espacio Por quien ya conociéramos el corazón del colibrí y la ternura imponente de la alondra Por quien durmieran ya las palomas con los niños y fuera fácil entender a los reptiles y aliarnos con los reyes de la selva para conquistar nuestros mejores sueños Por quien hubiéramos descubierto el secreto imponderable de la roca y el milagro escondido de la malva La paz la paz la paz Por quien ya supiéramos por qué las rosas tienen tan poca vida y nacieron para vivir en los jardines Por quien todos tuviéramos una mínima parcela aquí en la tierra para fecundar los sueños Por quien ya supiéramos cuál es el parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata Por quien sólo hubiera amantes en las noches y no se conociera al malhechor y supiéramos en verdad quiénes somos por qué pensamos y apenas si reímos Por quien tuviera el universo un sabor celeste y el mar estuviera intercediendo por nosotros Por quien el hombre fuera más ángel y el ángel más hombre Por quien no le temiéramos al propio hombre e inteligencia fuera no temerle a Dios sino confiar en la bondad de cada hermano Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra La guerra se agiganta con los siglos en sus fauces carga el alarido de los hombres La guerra conoce la maldad del hombre desde que éste apareció en la tierra La guerra se empecina en llenarnos de ruinas y de pestes todo el universo La guerra acaba con los sueños de los bosques los jardines y los mares La guerra acampa en cada aldea en cada pueblo siempre que el hombre enceguecido la desata A la guerra juega el niño con su hermano inocentes de los dolores de la guerra La guerra enfurecida llamarada cercena la esperanza de la tierra infatigable arrasa los rediles que tanto | |