Sonriendo al infinito en dulce tarde,
lumbrera que se yergue vespertina,
contigo van los luminosos días
con su asombro fugaz y sus arreos.
Contigo van las límpidas hazañas,
el vaivén en atónitos desvelos,
el ocaso en la noche trajinera,
el tiempo que donaste al alba amiga.
Contigo dulcemente la alegría
alza luceros ante el sol dormidos,
eternidades, lirios, rosas, cirios.
Contigo irá el diamante esclarecido
en un aire triunfal donde eterniza
abril al pie de un mayo sin estribos.
San Cristóbal, 30 de abril de 2009
SONATA
Si arrullo si susurro si alalá
si sonata trisagio o cantinela
¿Un cristofué ensayaba cante jondo?
¿Una acacia quejábase del sol?
¿Una paloma cortejaba a Dios?
¿Un colibrí rezaba por el hombre
o tal vez el quejido del asombro?
¿Hacía el amor una pomarrosa
o el aire desafiaba a la arboleda?
¿Acaso era el entierro de una hormiga
o la muerte de ronda por la tarde?
De: "Asombro al descubierto", Ediciones Mucuglifo, Mérida 1996
enero 2009
Pavores de la Palestina
…que no se detenga. Templada tu ira, borrón de papel, noche del universo… Diana Poblet Y entonces ya no es sino la paz… Armando Rojas Guardia
La palabra que no se detenga Antes sea grito logos despojamiento y explosión alborada insondable desgarradura epifanía umbral desafío gozo llamamiento hervor desnudez carnalidad inacabable rotación complot liberador subversión compasión expectación incubación conciliación aguda cómplice sabia comprensiva indetenible cosmos desplazamiento fulgor revelación
No se detenga Antes sea correlación soberbia alada implacable sospecha infinita ingenuidad huracán jugada prometeica radical indesignable religación riqueza plenitud nocturnidad dialogante deidad enamorada rotación enigma pasional milagro asombro inescrutable plenitud oscura claridad tiniebla iluminada desnudez total
Que no se detenga Antes sea eje solar lucidez de sol hartura entrega gozo desenfreno apaciguante intimidad de sombras aleteo de muchedumbre de luciérnagas en el sueño del desierto enfurecido el buitre leonado de la guerra en los pavores de la Palestina aullido de Dios sobre el planeta que no sea sino la paz
HICIMOS LA MOCHILA
y nos volvimos vagabundos
Apoyamos las palabras sobre la sangre
Cargamos los dados en la apuesta
Arrestamos al viento al sol las mariposas
Supimos del alma del silencio
de la piedra que alguna vez fue estrella
del sagrado terror de la locura
Fuimos un retrato del alma de la tierra
Dejamos pasar la noche por encima de nosotros
mientras las islas no se cansaban de bañarse
Nos hicimos a la lluvia
Matamos la tristumbre
Rompimos alfileres paraguas y repisas
Inventamos ratos penas alegrías y tardanzas
Echamos un vistazo al mundo
Nos provocó quedarnos solos en la tierra
Faltó ponerle trampas a la muerte
acabo de encontrarme con las raíces de Frida con sus senos en flor con sus raídas vestiduras con sus arenas sudorosas con su cabellera en sueño con su vulva sus olas sus enojos
cómo me hubiese gustado vivir junto a ella para tomarle -hundido en su entrepierna- una foto con una cámara Laika durante alguna de sus batallas sus discursos sus orgasmos sus jadeos sus cejas sus ojos
la tarde en vena permite saber de la espesura del cuerpo furente de la Frida la que ha hecho mover nuestros horcones
el Sol la Tierra asisten con nosotros a la vespertina misa vegetal donde guinda la lluvia sus morrales
Frida en el vello de tu pubis quisiera yo ahora ahogarme
Frida basta para que el hombre desnudamente se masturbe exista
cante ría sea
Al rojo vivo
¡Todo está alegre, menos mi alegría y todo, largo, menos mi candor, mi incertidumbre! Mi triste tristumbre se compone de cólera y tristeza y, a su borde arenoso e indoloro, la sensación me arruga, me arrincona. Execrable sistema, clima en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada, la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre. La tristeza se cuela en el mediodía, se empoza a veces en el corazón, con un sabor a nostalgia. La alegría, en cambio, ese rumor de los cauces de agua de la infancia, para hacer crecer almácigos de encantamientos y contenturas, hasta ir construyendo en la sonrisa de las estrellas la dulzura de los días vividos y los por vivir. Lejos agotamientos o desgastes, llagaduras, desgarros, destrucciones. Vivamos la alegría de por vida. En el supremo instante sonreír. Que nunca la tristeza nuestra sea. A punta de alegría el porvenir. Afirmarla, nombrarla, repartirla. Apostemos la vida a la alegría. Hagamos el azul o la alegría.
A bretel caído, a calzón quitao, al rompe, al filo o al compás del sueño, al vino vuelo de la rosa roja; a tientas, a escuras, a toda luz; a la chita callando, a pie juntillas, a bocajarro, a tiempo, a destiempo, al alba, al ex abrupto, a las primeras; al derecho, al revés, a troche o moche, al rojo vivo, al alimón, al encendido o escondido; de todos modos, dentro del campo, fuera de campo; contra uno o contra todos; contra el cero o contra el infinito; en la alcoba, en el ágora, en el prado, en un garito, en una barricada, en un motín, en una encrucijada; en periferia o fuera de lugar; en el miedo, en el medio, en el subfondo; santiamén, apagón, glorieta o misa; por un soneto, un trébol, un té o un anillo de hojalata; un empujón, palmada o toque puerta; por una muñeca que llore como cualquier poeta o cualquiera de nosotros; por un par de lámparas viejas, por dos bombillos, por un plato de lentejas, por dos piernas fructosas, por unos pechos luz o unos senos flor, por el orgasmo del valor en celo, hagamos el azul o la alegría.
A todo lo ancho y a todo lo largo; a todo lo angosto y todo lo hondo; desde el principio hasta el fin; por todos los costados; por dos ojos vagabundos, nocturnos, callejeros; por una sonrisa o cuatro besos; por los dados de la túnica jugada; por los colgajos que se guinda en las orejas la mulata, la terracota, la pálida, la morena, la amarilla, la catira o hiperbórea rubia de los sueños. Por un fiado y tres ginebras, tres arreboles o luciérnagas; por unas blancas colinas o unos muslos blancos cuando vayan de silencio. Por una baraja incompleta; por este mientras, este con todo o a pesar; por este nunca y este cuando; por este punto suspensivo, este punto y aparte; por el punto final de este junio o el inicial que nos aguarda, hagamos el azul o la alegría.
A paso firme, recio o redoblado; en casa o fuera de ella; en la azotea, en el desván, la acera, en el jardín, en el altillo o la escalera; en las buenas y en las malas; por quien se llame pedro, pablo o pura; por tres jazmines vivas, en pelotas; por la insomne vagina de las vírgenes; por la humana materia rediviva; por el fuego sacro; por la gracia bíblica, el dios desconocido o los dolores colectivos; por quien no almuerza, toma, ni se ríe; por quien no tiene su vestido azul; por el que nació o no ha nacido; por el que solamente ha nacido; por el gato triste, por el piojo ciego, por estas fiestas, estas dudas, estas horas, este rato, este sol, este trato, este viernes, este trago, esta copa, sin más ni más, así nomás, no más, por quien desencadene, atice y ría, con júbilo, vivamos la alegría, levantemos la copa, la alegría, definitivamente la alegría, eternamente estalle la alegría, vivir por la alegría, combatir, de cara al sol, morir por la alegría.
San Cristóbal, Táchira, Venezuela 26 de Junio de 2007 Apertura de la Copa América Venezuela 2007
Nunca conoceremos lo desconocido
Nunca conoceremos lo desconocido. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. La forma es el color. El paisaje sólo existe en la naturaleza. La ruptura proviene siempre de alguna huella del camino. Una línea, tres, bastan para hallarle el alma a alguna tarde, el aroma a un asombro o el gemido, la pena, a una nube. ¿Es preciso saber el nombre de los hombres? Oír al hombre basta. Su nombre dejémoselo al viento. Uno más engarzado en la alambrada, vibrando en el camino. Líneas, formas, articulaciones, andamiajes. Un cuadro llama al otro. Un asomo reta al otro. Una línea sigue en las otras. Un color flotando más allá del último horizonte. Línea a línea téjense los astros, brotan los contornos, los perfiles, los relámpagos. Dibujo tras dibujo, de mar en mar los frutos de la tierra tras el fuego. En regia fila las líneas, las planicies, hondonadas, muchedumbres; figuras, quiebres, caos, cosas. Isócrona geometría en onírica resonancia. Vestigios de insomnios, desfiles de enigmas, claridades, sombritudes. Luz, música interior. Génesis, memoria vegetal. El cuerpo del secreto, de la luz, el mundo de los símbolos; lo obscuro de las sombras, lo visible del misterio, los tejidos del alma; el claror del sueño, el fuego musical, el principio del encanto. Océano, musgo, rompeolas, eternidad. Vacío pleno de inminencias, intersticios. Temblores, filos y fisuras. Entrañas, crujientes hendiduras. Crecientes, pliegues milenarios. Archipiélagos, orilla pura, noche diluvial. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. En orgiástica pasión, el hombre deambula. El clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida, itinerario, término, confín.
maggio 2007
500.000
Al cantar el gallo. Al romper el día. Al abrir el sol. A filo de madrugada. Veinte, cuarenta, sesenta hombres, hombres en fila, huellas en el polvo, rostros inconclusos. Cálidos, amargos, en vigilia, cándidos, furentes, engranajes listos, entrecejo insomne, briznas al viento, con lágrimas salobres.
Si nos diéramos las manos y formáramos la rueda, sin mirarnos la cara, sin saber quién es quién... sesenta, cien, mil, doscientas veces mil, doscientas cincuenta mil veces mil, quinientas mil manos fueran el perímetro exacto, con un poco de tierra, para vivir otra vez.
Dos poeta, cinco poetas, diez poetas, veinte poetas, quinientos mil poetas, gallos flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez.
A madrugar. A liberar. A restaurar. A sembrar. A crecer. Al agua. Al sol. A la espiga.
La luna alumbra nuevas intenciones.
Golpe de amor
Hacer silencio para darle paso a la luz. Colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte.
Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Dejar que las cosas sean. Dejarse ser, dejarse ser, ser, ser. Ser lámpara en la noche de la aldea. Escuchar el aplauso de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a pesar del estruendo de las hambres. Tentar, medir, pulsar, darle tiempo al camino a que regrese. Saber de dónde nos sacó el hechizo y contar con la última embestida. Contar las cosas increíbles como si fueran reales y las reales, como si fuesen increíbles.
Reconquistar nuestro origen. Reconocer que no hay quejido mayor que el del amor. Estar atento al parte de guerra. Saber que existen caminos que no hay que seguir, ciudades que no hay que asediar o atacar, ejércitos que no conviene hostigar, preguntas que no hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué cumplir.
Saber lo estrictamente indispensable. Participar en el engaño, en el ardid, la situación o la apariencia. Llevar la astucia al máximo posible. Adaptarse a la situación, sobre todo a la situación ajena. Avanzar por caminos tan insólitos que nunca el adversario logre descubrir.
Dar con el más vulnerable de los puntos. Batirse en retirada o perseguirla. Contar con la moral, el ánimo, el terreno, el clima, el mando, la ocasión y la doctrina.
Descubrir el esquema general del enemigo. Como el agua, adaptarse a las formas nuevas. Usar ataques directos e indirectos. Pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña. Protegerse del árbol que se agita, del pájaro que se espanta, del polvo alborotado, del llanto de la bandera en el contrario frente.
Distinguir claramente entre terreno accesible, deleznable, angosto, accidentado, fronterizo, clave, convergente, difícil o mortal. Conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada. Conocer las fuerzas naturales: el fuego, el risco, el agua por la escarpa. Contar con el agente secreto inevitable. Administrar pertrecho y proyectil.
Adelantar, vivir, sobrevivir. Resistir hasta el último combate. Cuidar con tiento cada retirada. Huir de frente, atacar de retirada, volver caras, triunfar en la derrota. Ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro. Rechazar la sentencia de la muerte. Asumir alto el triunfo de la vida.
Blandiendo diapasones subversivos, llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la lágrima del pueblo. Coronada la lucha, asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre, como un golpe de amor en cada miedo, como un claro de tierra en la mirada de cada madre que se muera.
dicembre 2006
SARA
In memoriam: Sara Quintero de Rosas q.e.p.d.
¿Cuál el destino de una flor si no alumbrar en amor y aroma fina? ¿Cuál el destino de una flor erguida: ser llama, hechizo, magia y hermosura?
¿Eterna, frágil, casta, fiel y sola vive la rosa solitaria y blanca? ¿De qué color el alma de la rosa, será violeta el sueño de su vida?
¿Es un reto a la sombra su blancura, es un presagio de la luz del alba la lumbre de la rosa entre la sombra?
¿Cuál el destino de una flor si no arpegio en la garganta de la vida, silencio acurrucado en el camino?
settembre 2006
GRITO
Grito de hombre o de mujer Grito perdido en los tejados Grito del tiempo desguazado Grito en soledad encabritada Grito de guerra dolorida Grito de rabia desplomada Grito de demencia asqueada Grito de hombre de mujer Grito de todos grito macho Grito aullido hambre a gritos Grito reto en el lugar del grito Grito en la palabra en el coro Grito en la canción asombro Grito en el riel en la calle Grito visión misterio subversión Grito magma hojarasca huracandad Grito volcánico auroral carnal Grito greda alma fragua tempestad Grito cósmico faro barro alzado Grito macho hembra hermafrodita flor El grito a sangre y fuego a paso largo capaz de amar capaz de armar la paz
Salmo en ristre
Oscura vereda. Un desierto el alba. Un espinar la tarde. Un tunero la noche. Llaga desolada. Fosa implacable. Falsa promesa. Suprema confusión. Apagado lucero. Fango turbio. Ciénaga. Desesperada ficción. Sequía desbordante. Magma horrible. Falsa vida. Falsas aguas. Falso sol. El alma confortada en los vericuetos de la noche. Púdrese el enfermo. Nadie trae el pan. No lo hay. Hay hambre, desolación, gemido, pena. Muerte, en cada esquina. Veredas en la sombra. Caminos falsos. Falsas esperanzas. Promesas falsas. Falsas obras. Todo ensombrecido. Falsificación total. Valle de tinieblas, lóbrego, tenebroso. Largo dolor. Sin una lucecita para tanta pena. Para tanto lagrimón en la vereda. Celadas, sueños, emboscadas. Cuevas, botines, dioses, demonios, bosques y maldades, cabe la muda paloma de los lejanos terebintos.
Nunca, un cayado más incierto. Jamás, noche más sombría. Horripilante y ciega. Embuste, delirio, desconcierto, desespero, universal destierro. Aguardemos, obedientes, la vuelta, el desagravio, la mañana eterna. Volvamos de golpe el golpe. Envetemos bolivarianas fragosidades. Mastiquemos brasas, ya no hay dónde bajar, dónde subir. Arriba el sufrimiento armado. Varios días el viento cambia de aire. Cae agua de revólveres lavados. Recógete a reír en lo íntimo de este celo de gallos ajisecos soberbiamente ennavajados. Nos espera la sombra apercibida. Nos espera la sombra acuartelada tras la muda paloma de los lejanos terebintos.
Sobre la paloma muda de los lejanos terebintos, hojean, persiguen, oprimen y combaten los enemigos, emboscados entre nubes tardecidas. El temor invade noche, soledad, espera. Al acecho, alguien arrebata la vida. Errante, quejumbroso, solitario entre la noche, zigzagueando sombra, vendaval, el hombre prosigue con la noche a cuestas.
¿Si su Dios arranca la vida de la muerte, qué podrá el hombre contra el hombre? ¿Qué podrá temer si se ampara a la sombra de sus alas? Al amparo de tus alas, Señor, cumpliremos votos, planes, sueños, cada día. ¿Hasta cuándo habéis de ensañaros contra el hombre? Como un soplo son los hijos de los hombres, menos que un soplo. Sólo en Dios está el poder. Saltemos de gozo a la sombra de sus alas junto a la muda paloma de los lejanos terebintos.
Los que asechan contra la vida serán pasto de los chacales. Dios dispara contra ellos su saeta y de improviso son heridos. Visita la tierra, temperándola con su lluvia. Dispersa a los pueblos que se deleitan con la guerra. Conservará nuestra vida y no dejará que nuestros pies vacilen. Dará casa a los desamparados, sólo los rebeldes se quedarán al seco. Sobre los lirios la muda paloma de los lejanos terebintos. Sean confundidos y avergonzados los que buscan mi vida, tu vida. Sálvanos, Señor de las manos del malvado, de las manos del perverso y del violento. Hemos sido para muchos un asombro, porque tú siempre fuiste nuestro seguro asilo. ¡Despierta! ¿Cómo es que estás dormido? ¡Despierta, no nos dejes del todo! ¿Olvidaste nuestra miseria, nuestra opresión?
aprile 2006
Caguairán
A Fidel Castro en sus 83 años (12 agosto 2009)
por obra y gracia del insomnio el hombre
el hombre rayo que arde en la tormenta
alarido crispado en huracán
por fin él ocupándose del hombre
el hombre simplemente el hombre a solas
en paz consigo con su pena al hombro
al descubierto hermano universal
guarango chontaduro cañahuate
chaguaramo apamate guayacán
samán araguaney o flamboyán
universal ceniza en singladura
en pulpa en hueso en lluvia en soledad
rojo duro durable resistente
calcáreo frondoso para siempre
incorruptible eterno refulgente
Caguairán indomable frente al viento
la semilla del hombre germinando
quiebra hacha fidel fuego pueblo y tierra
el hombre a punta de hombre y tempestad
semilla germinal a la intemperie
andando andando andando andando andando
Madre
Vas por el mundo porque existe el hombre
antes del grito de la eterna entraña,
velas callada el fuego de la vida,
madre te llaman por llamarte hermana.
Hermana de la lumbre en la ternura,
desmoronas la angustia de los hombres
y mantienes su pulso en pleno vuelo
ante la dura ramazón del odio.
Compañera de siempre, compañera,
únicamente necesito vida
para llamarte siempre jardinera.
Quédate, no te vayas tan temprano
que solamente tú sabrás colmarnos,
camarada de siempre, jornalera.
USA
Usa de
mí Usa de ti Usa de él Usa de
nosotros Usa de vosotros Usa de
ellos
Abusa de mí Abusa de ti Abusa
de él Abusa de nosotros Abusa de
vosotros Abusa de ellos
Usaré de
ella Usarás de ella Usará de
ella Usaremos de ella Usaréis de
ella Usarán de ella
Abusaré de
ella Abusarás de ella Abusará de
ella Abusaremos de ella Abusaréis de
ella Abusarán de ella
Abusa de
ella
Abusad de
ella
¡Azúzate!
¡Desúsate!
Empezamos
Empezamos midiendo con la mano el patio, el cielo de la antigua escuela; ahora solamente sopesamos el llanto de la muerte en pie de guerra.
Cuando niños jugamos al castillo, los sueños se mecían en las sienes, diciembre —lumbre en colosal niñura—, algo mejor para el mañana ignoto.
De nuevo niños —el reloj del tiempo—. ¡Que nunca se nos nuble el horizonte! ¡Que nunca más la nieve se enrojezca!
Ante el niño fundido en la trinchera: ¡Menos fuerza, Señor, para la guerra y más valor para fraguar la paz!
Sea la luz
Sucedió y es cierto que los valles dormidos despertaron y los ríos penetraron el corazón del valle y los de las montañas y hablaron los ríos el océano brotó de una de las apasionadas conversaciones entre el río y la montaña y de agua se poblaron las tierras el caldo prioritario calentó las calderas del tiempo y grano a grano se desliza la vida primera candela de conciencia sonidos y silencios sumidero del espacio por allí escapa el verbo su invención es casi inmortal y si no hay viento es necesario crearlo entonces verbo hace viento sucede que viento no muere y viaja y se anima y nacen todas las cosas los animales enjambres de cosas para el verbo carne fuego sangre agua luz sonidos metal músculo cerebro sueño creación universo sea la luz para la aldea el alba un día sea inevitable nada fijo todo flujo repentino reordenamiento interactivo selección natural nueva entidad irreversibilidad acontecimiento posibilidad orden a través de la fluctuación interacción conocimiento tácito en lo más hondo la verdad cada palabra en las demás en un hombre todos los hombres formando el universo desde una misma butaca viviendo la vida homología fundamental fluir de la energía lo repentino y nuevo el contacto locura circular a la intemperie compleja realidad del universo áreas comprometidas disponibles para un futuro no programado distorsiones de cualidad trama encantada al azar al margen de la conciencia nadie escoge adivina termina adivinando ver lo que todos ven y nadie piensa recuperar recuerdos palabras expresiones ideas sucesos imágenes cantos galerones melodías escudriñar activamente los dispositivos abiertos semiabiertos reconocibles (in)imaginables tocar el cerebro como se toca el piano expresar las ideas con palabras y oraciones adecuadas lejos de todo guirigay sampablera baturrillo papiamento levantarse temprano a saludar el alba recuperar el hilván con que zurzamos el espacio de la caída donde vida sea arte arte vida fija la mirada en el libreto asomarnos al canto de los árboles escuchar el aplauso de los pájaros acabar con el vértigo la urgencia acabar con la guerra que nos cruza con la noche que nos cruza con el hambre que nos cruza paridora de soles cruce el alba acabar con la crisis que nos triza con el caos que nos acosa con el caso del ocaso con el saco de la cosa con el asco del ocaso que te acosa con la tisis que nos crispa acosar al caos al ocaso de las cosas pasto sea de demonios el asco de los dioses sea la luz para la aldea el alba un día sea inevitable la fuerza del grito la sombra del silencio la palabra de pie como el rocío noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbra todo ocaso va viene se repliega caos cosa caso asco saco acaso acoso grabar el sueño entre los árboles desentrañar los secretos al asombro estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada /psa
Miércoles, 19 de diciembre de 2007
Pasa la hoja
Desflora la blanca agenda. Desgaja un instante al tiempo. Inventa el tiempo. Pasa la hoja. Quítale un minuto a Dios. Dáselo al hombre. O a tu madre. Comienza lentamente. Intérnate en el camino nuevo. Una vez emprendido el viaje, sigue puntualmente al sol. Hoja entre los vientos, acuérdate del viaje hacia la sombra. Párpado de hormiga, convéncete del viaje sin regreso. La vida nos llama, nos nombra, nos acusa, nos grita, nos reclama. Siéntate en el lugar del hambre a gritos todavía. Siéntate en el lugar del grito, vivos todavía.
Este presente liso como una tabla, fresco, esta hora, este día limpio como una copa nueva. Álzalo. Ofrécelo a la vida. Llévalo a la calle y al jardín. Paséalo. Ponlo frente al sol. De cara al porvenir. En santa paz. Tintinéalo. Recuérdalo. Nada en él de cobarde o de maldad -del pasado no hay una telaraña-. Fanal, aurora, amanecer, camino. Un camino entre el vientre de la hoja. Camino caminando con el viento o viento deshojado en el camino.
Tocamos con los dedos el presente, cortamos su medida, dirigimos su brote, está viviente, vivo, nada tiene de ayer irremediable, de pasado perdido, es nuestra criatura, está creciendo en este momento, está llevando arena, está comiendo en nuestras manos. Vivo, en nuestras manos, echémoslo al voleo. Niño, virgen, transparentemente azul, librémoslo de mal. Dejémoslo correr. Grabémoslo, hondo, en el fogón. Cuidémosle su tino, sus ansias, ilusiones. Sus alas, todas, libres tras los cielos.
Cógelo, que no resbale, que no se pierda en sueños ni palabras, agárralo, sujétalo y ordénalo hasta que te obedezca, hazlo camino, campana, máquina, beso, libro, caricia; corta su deliciosa fragancia de madera y de ella hazte una silla, trenza su respaldo, pruébala, o bien escalera! Defiéndelo. Consiéntelo. Quiérelo. Hazlo surco, arado, sueño, cabecera. Hazlo árbol, fuego, girasol, lucero. Arroyo, fogonazo, campanada. Vereda, resplandor y compañero
Sube en el presente, peldaño tras peldaño, firmes los pies en la madera, hacia arriba, hacia arriba no muy alto, tan sólo hasta que puedas reparar las goteras del techo, no muy alto, no te vayas al cielo, alcanza las manzanas, no las nubes, ésas déjalas ir por el cielo, irse hacia el pasado. Alcanza tu mañana. Arriba! Arriba! Hacia la estrella! A ésta bájala hasta el suelo! A pesar de huracán o ventisquero, con el arma cargada de esperanza, al frente, a la vanguardia, de primeros. Álzate temprano. Ábrete camino. Sube la cima donde ondean -de noche- las luciérnagas.
Tú eres tu presente, tu manzana: tómala de tu árbol, levántala en tu mano, brilla como una estrella, tócala, híncale el diente y ándate silbando en el camino. Tú eres tu camino, tu aldabón. Ándate silencioso, fraternal. Asegura, furente, la batalla. Elévate, soldado, en el fragor. A pesar del presagio, corre, vuela, en el viento, en la sierra, en la arboleda. ¡Tú sólo eres un sol, alienta, brilla! ¡Tú siempre tu presente, sueña, alumbra! ¡Sube a nacer conmigo, hermano!
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra
Infatigable huésped milenario oráculo perenne del destino se ensaña contra el hombre desde siempre y más contra el hombre de este tiempo Acosa su figura lo atropella cabalga con los siglos dibuja y desdibuja las fronteras donde rebota alegre la pobreza Carga con los sueños de los árboles y acaba con praderas y con valles Implacable enemiga de los hombres cruelmente los azota en todo tiempo
Primero fue Caín quien no supo de su hermano y con él surgieron tantas guerras que bastaría juntarlas para poblar una segunda tierra Después fue un pueblo en el desierto en busca de la tierra prometida Hoy los hombres pelean por la Luna Mañana se disputarán el Sol Hiroshima tan sólo fue una muestra De niños supimos de Corea Recordamos la suerte de Vietnam alarido de un pueblo combatiente amarrado a sus entrañas vivas En Sabra y Chatila en Kandahar Najaf y Falluja salpican de sangre las estrellas ¡La sangre se derrama sobre América! ¡A América desangra el corazón!
Cuando niños la guerra era con la lluvia los barrizales los cangilones Entre risco y farallón iban nuestras vidas Había que luchar contra corrientes de ríos impetuosos desbordados Por dos o tres monedas sudábamos entero el día Hombre y animal y apero convivían a la sombra del patrón Viniendo la ciudad llegaron otros vientos y otras lunas Fuimos y vamos con la guerra La guerra cabalga con nosotros Quienes conocemos todos los vientos de Los Andes conocemos la cara de la guerra
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra
En la guerra se trabaja el odio con pavura mientras entonan los grillos su canción de cuna Por la guerra Homero vislumbró la morada de los dioses y Heráclito entrevió en ella la madre de todo porvenir Igualmente guerra siempre ella nunca tiene un solo modo Son muchos los modales de la guerra La que sacude todos los cimientos de la tierra La que martilla todas las conciencias del planeta A la que juegan los niños en el parque La propia cara de la vida La que nos acecha en el camino La que se ha apoderado de los hombres La que no nos deja oír ni a Schubert ni a Beethoven La que nos ha hecho olvidar a Dulcinea La que confirma una vez por todas que sí existió el infierno de Dante y de Rimbaud y que fue en el castillo de Muzot donde Rilke escribió sus sonetos y elegías y vivió su propia muerte
La que nos recuerda que Shakespeare tenía razón cuando nos puso a dudar frente a nuestra propia calavera La que nos hace sentir amigos de tantas lejanías La que hace que las aguas atestigüen nuestras vidas La de la eterna metamorfosis de los hombres y las cosas La que hace estremecer antiguas y nuevas armaduras
La que se esconde en la noche de los hombres La que nos aleja de los ojos del amigo La que nos confirma que el tiempo de ahora nos destruye La que nos hace creer en el destino implacable de estos días terriblemente deleznables
La de los gritos horrorizados de los niños de Biafra y de Vietnam Por la que se marchitan los follajes en el campo Aquélla que no nos deja sorprendernos delante de tanta sorpresa cotidiana La guerra la enemiga de la paz La que nos distancia tanto de la estrella La que nos ha borrado las auroras de los hombres La que no ha sido capaz de impedir el alumbramiento de las flores después del fogonazo mañanero
Por quien ya casi no sabemos del relente aquel de la primera aldea Por quien parece que Dios se ha vuelto sordo y se ha puesto del lado contrario de los hombres
Pudiera ser la guerra Pudiera ser la paz La paz la guerra la guerra la paz
Vamos amor a la montaña nos llama el aire el sol la primavera graciosa la floresta el río y toda la arboleda Juegan las sombras cuando las nubes pasan Sentémonos amor a ver las mariposas Hermosa la vida y pasajera Los sueños desde el cerro despeñándose Mi montaña amor la madre de mis versos de mi azul de mi pobreza mi desnudez y mi inconstancia y vuelo Pero amor ¿y sólo riachuelo brisa bienandanza y sol? Allá también el campesino Yo también hice de jornalero Conocí los surcos y el café la pobreza de los míos el viejo con su carga cada sábado a mi pueblo Los adioses se cruzaban El río tranquilo y cristalino y nuestra sed que lo veía mientras el sol quemaba hombre y carga y animal y sueños Ahora aquí amor entre neblinas cerca de los cielos Verdes tonos inmensidad de azules el aire silbando en nuestras sienes Hasta volvieron a pasar las ovejas de mi tía aquélla que murió de no se supo qué La naturaleza amor que nos envuelve el alma Un volar por los campos y veredas para encontrarnos con el sol Tempestad sobre invierno La música del alma girando en mi conciencia campesina Riachuelo paisaje sueños El amor y el hombre que trabaja y que suda por atajar el pan en cada surco
El río tranquilo nunca deja de correr como nuestros sueños a la mar Es como de tarde amor oscurece todo tiembla Dormidos de soledad solos nos quedamos Faltan la fiesta campesina la tempestad y el himno del pastor Después vendrán si es que quedan campesinos en mi aldea Vendrán también la tempestad y el himno después de todo amor!
Pudiera ser la guerra Pudiera ser la paz la paz la guerra la guerra la paz
La paz compañera de la infancia La que ya nos hubiera comprobado que sí existieron hombres en la tierra La que hubiera dejado vacíos los infiernos y crispado de terror al propio diablo La paz la cantada por David en plena aurora en aras de la suerte del pastor camino del redil Porque acabado todo aquí en la tierra para que vuelvan a nacer las flores basta el azul de alguna mariposa
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra
La guerra la que hace crujir las hondonadas y temblar la espesura de la tierra La que ya llegó a los astros y nos vigila desde el cielo La que despelleja las lagartijas del desierto La mezquina horripilante guerra en la que los hombres todos nos metimos La que levanta de raíces a los árboles y destaja el corazón al guerrillero
La que habrá de despertar las momias de Egipto allá en Turín y hacer que renazca un día el Che La que hace que Bolívar y Sandino sigan vivos a pesar de la rabia de los hombres La que ha de devolvernos a Martí para que armado con sus versos siembre nuevamente la esperanza entre nosotros Aquélla por quien se quejan los pórticos del cielo y se acabaron las ninfas de las fuentes La que marchitó el corazón de las mujeres y nunca más las vimos ir al arroyo a recoger agua La que hizo que en mi tierra se acabaran los aljibes Por quien también fueron al traste los tinajeros espantapájaros del tiempo
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La paz la guerra la guerra la paz
La paz por quien hasta Dios nos escuchara o al menos estuviera de parte de los hombres Por quien ya habrían llegado los árboles al cielo La paz la paz la paz la paz la paz Por quien la Luna estaría sembrada de arboledas Por quien hasta las hormigas habrían aprendido a hablarle más claramente a nuestros hijos y las cerbatanas nos hubieran confiado parte de su azul misterio Por quien conversáramos ya con frailejones y palmeras La paz la morada suprema de los ángeles La que se nos desterró del Paraíso La guerra la paz la guerra La que hizo que la noche fuera nuestra gruta cotidiana La paz la guerra la paz Por quien ya hubiéramos convertido al mismo Dios Por quien las madres estuvieran a esta altura criando flores en sus senos
La paz por quien la primavera se hubiera apoderado de la tierra y a nadie le faltara el sol Por quien no hubiera fugitivos en el mundo y se hubieran borrado las fronteras Por quien estuviéramos repartiendo juguetes en la tierra Y los árboles diría Vallejo fueran hombrecitos Por quien las estrellas vivieran más cerca de nosotros Por quien ya hubiéramos dado con el hermano que eternamente nos espera en el espacio Por quien ya conociéramos el corazón del colibrí y la ternura imponente de la alondra Por quien durmieran ya las palomas con los niños y fuera fácil entender a los reptiles y aliarnos con los reyes de la selva para conquistar nuestros mejores sueños Por quien hubiéramos descubierto el secreto imponderable de la roca y el milagro escondido de la malva La paz la paz la paz Por quien ya supiéramos por qué las rosas tienen tan poca vida y nacieron para vivir en los jardines Por quien todos tuviéramos una mínima parcela aquí en la tierra para fecundar los sueños Por quien ya supiéramos cuál es el parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata Por quien sólo hubiera amantes en las noches y no se conociera al malhechor y supiéramos en verdad quiénes somos por qué pensamos y apenas si reímos Por quien tuviera el universo un sabor celeste y el mar estuviera intercediendo por nosotros Por quien el hombre fuera más ángel y el ángel más hombre Por quien no le temiéramos al propio hombre e inteligencia fuera no temerle a Dios sino confiar en la bondad de cada hermano
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra
La guerra se agiganta con los siglos en sus fauces carga el alarido de los hombres La guerra conoce la maldad del hombre desde que éste apareció en la tierra La guerra se empecina en llenarnos de ruinas y de pestes todo el universo La guerra acaba con los sueños de los bosques los jardines y los mares La guerra acampa en cada aldea en cada pueblo siempre que el hombre enceguecido la desata A la guerra juega el niño con su hermano inocentes de los dolores de la guerra La guerra enfurecida llamarada cercena la esperanza de la tierra infatigable arrasa los rediles que tantos soles costaron al pastor encandila las praderas donde siembran los hombres su ilusión La guerra se ha olvidado de la paz aturdida como está de tanta guerra La guerra se apoderó del mundo infernales son las noches de la guerra A la guerra sólo la detendrá la misma guerra sin que quede rastrojo ni sembrado alguno Después de la última guerra inútil será el sol sobre la tierra Después quizás sea tarde para comenzar de nuevo el sueño Después tal vez no conozca la tierra nueva vida ni nuevo florecer El sol alumbrará desiertos donde convivirán piedras con arena
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra
Una década de paso los hombres en plena guerra desafiándose en espera del primer ataque ya listos los rehenes Una Navidad exasperada con poquísimos ribetes de paz Tal nuestro sueño y tales nuestros días En una barahúnda de amenazas van los hombres decididos a acabarse en el primer encuentro En verdad de poquísimos segundos depende el inicio fatal de la catástrofe Todos la presienten ninguno la sopesa Cada quien prepara la ofensiva o la defensa cuando ésta ya no cuenta Llamarada final estallará por todo el orbe y arderán montañas llanuras y sembrados Vendrán desolación llanto y alarido Y si algunos se salvaren será para tener que soportar las plagas y el destierro ya sin tierra
Una sola muerte acechará a la vuelta de los días que serán tan pocos como su propia suerte de sobrevivientes finiseculares Genios maléficos se apoderarán del mund y una nueva creación brotará del fondo de la tierra y de todas las simas infinitas de los mares Darwin empezará a tener razón de nuevo En no se sabe cuántos días el mundo renacerá y la tierra de promisión será totalmente pródiga
como para que los hombres empiecen a pelear de nuevo Nada nuevo se verá bajo aquel nuevo sol si una raza parecida a la nuestra volviera a aparecer
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La guerra la paz la paz la guerra
La guerra que a todos nos preocupa parece que será la última guerra y no tendremos tiempo de saber de su espesor Cuando más una que otra mariposa algunos pececillos perdidos en la cuenca o un colibrí venido de los cielos se encargarán de recrear el universo Y no habrá forma de convencer al hombre nuevo si lo hubiera que la paz dorada de los campos que la frescura perenne de los parques que la nieve de los altos montes que la luz del trópico fulgente son más que suficientes para que ancle en ellos el amor No habrá tiempo de escribir un nuevo Génesis y menos todavía de exaltar en hipérboles algún Apocalipsis Tal vez poblada la tierra nuevamente cuando no vuelvan a caber los hombres volverá la guerra por sus fueros sin que pájaros peces mariposas sean capaces de velar por ella
Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra La paz la guerra la guerra la paz
Azul éste del Mar Mediterráneo estela de soles inmortales ¿Cuántas gaviotas durmieron en tu sueño? ¿Por qué sin nombre los cielos se quedaron? ¿Cuántos soldados se esconden en tus simas? ¿Adónde fueron tus sueños a parar? ¿El sueño de la Grecia a dónde fue? ¿Dónde duermen tus estrellas en el día? El mundo no te reconoce sólo sabe de derrotas Muchos titanes pretenden tu morada millares de monstruos se hospedan en tus antros Los hombres comparten una misma guerra La paz no descansa entre los mares
Azul éste del Mar Mediterráneo estela de soles infinitos El niño marinero de Alberti ya no es ni morenito ni galán Tampoco es el mar donde mejor se quiere Andrés Eloy Ya al de ayer no se parece este mar Se acabaron las obras maestras de los hombres San Pablo no ha vuelto a navegar Por tus aguas sólo navega el batallón
Azul éste del Mar Mediterráneo estela de soles vagabundos No dejes a los hombres sucumbir que no hay Miguel Ángel sin Piedad
Azul éste del Mar Mediterráneo estela de soles purpurinos El sol de rodillas en el mar a su creador eleva su plegaria Las islas son capillas vespertinas Los sueños azules de la tarde prisioneros en las naves van Hijos padres madres todos añoran la esperanza Cansados los barcos se saludan en la púrpura regia de las horas El rojo sol enrojecido tiñe de sangre el vesperal El grito del hombre frente al mar se quiebra El mar impetuoso se desborda Alarida la tarde cuando muere Imponente cae el sol sobre la mar Si de repente no volvieras ¿Qué sería entonces de los hombres? ¿Quién abrigaría entonces la esperanza? Oh rojo sol enrojecido viéndote hermano de la tarde y de los hombres por ellos te suplico yo también Triste la plegaria de la tarde cuando el que oficia es el mar Las olas comulgando en procesión son realmente muy devotas quizás ni dignas sean de tal pan ¡En la tarde es cuando comulga el mar! Hoy por Occidente eleva su oración Solas las aguas se quedan en la noche
Azul éste del Mar Mediterráneo estela de soles moribundos En esta hora tristísima del hombre cómo tiritas tú también de frío Son tantos los presagios de la noche y tan pocos los sueños de los hombres ¿Jesús - diría Vallejo - qué hacer?
Azul éste del Mar Mediterráneo estela de soles matutinos Con la aurora vuelve el sol sobre el lomo de las aguas a galopar en el azul marino Valéry no sé qué cementerio fue el que vio Las naves y sus hombres fruncen mientras tanto el ceño desde las popas de sus días El sol va creciendo en el silencio implacable de las horas Ciertamente alguien con el sol inciensa al mundo
Azul éste del Mar Mediterráneo estela de lunas amarillas También la noche duerme en este mar La noche ensimismada va también contigo Un velón vigilante te cobija con unas cuantas olas consentidas Infinitas las noches en el mar Pobre hoy al hombre pocas estrellas lo acompañan ya y la luna apenas si se acuerda de él Negro toro a la noche nadie lidia Todo tornóse frenesí Muchas noches los hombres necesitan para apaciguar tanta algarabía
Azul éste del Mar mediterráneo estela nocturnal mediterránea estrecha tantas costas tantas vidas como abrazos le faltan a los hombres ensancha tú la paz sobre la tierra acuérdate por siempre de nosotros que en esta hora de guerra planetaria ya no sabemos ni con quien contar ni si vamos de veras a vivir
Pudiera ser la guerra Pudiera ser la paz La paz la guerra la guerra la paz
Quedan la vigilia, el amor, la angustia espiralada; el héroe, la sangre, la huida; las preguntas, la seña, la orfandad. Alta nube, alto desconsuelo, alto sol. El rito, el brazo, las cantinas, la pena, la salida.
Quedan ansias, llanto, luceros, desvarío; el atajo, la consigna. Queda el firme clamor hacia la fe.
Año nuevo, mochila nueva, calle nueva. Sin mentira, sin miedo, sin tardanza, al abierto, al rompe, a lo mejor. Sin cortar la luz, sin horario, sin retorno, sin bajar la guardia, sin bajar la alegría. En nombre del pan, del pobre y de la cena santa.
Buscaremos la guarida de la sombra, trepando eternidad.
2
Sabremos del columpio de la rabia, del camino que regresa; de las edades del grito y la asechanza; de la vagina, de la pereza, de la prisa; del hambre, del hombre, del ladrido imperial, de los bellacos.
Sabremos de las amargas grietas del roble; de los burdeles del aire, de las esquinas del sueño; del apellido del árbol, de las arenas del mal; de los basurales del pobre, de las entrañas del daño.
Sabremos de las distintas caras cristianas; de los entierros sin hombros; de los suburbios sin santo; de los jirones de sueldo; de los retazos del agua; de las gargantas sin voz; de los charcos del dólar; de los gemidos del plato; de la señal del centavo.
3
Armaremos salones, cajas, calles, plazas; milagros, camerinos y tarimas; aceras, faroles y banderas. Armaremos de acero los cantos. Hasta de dos en dos armarnos y amarnos hasta el fin. Echaremos las sombras al viento, a la espalda los arroyos, la barricada a la paz.
Volveremos al sitio y al abrazo Inscribiremos a Dios.
Revisaremos listas, nóminas, retratos. Ajustaremos tragos, brindis, trasnochos, alegrías. Alistaremos las mesas, las jarras, las cafeteras, los manteles. Cuidaremos casa, avío, fincas y razones; sabana, aldea, luna, víveres, albada. Tornaremos al cimiento, a la ruana, al cuatro, a la vereda. Contaremos con el voto de los pájaros, con el aplauso de la tarde, con el orgasmo del vino.
Iremos a la marcha de los árboles.
Al murciélago trizas volveremos. Echaremos el resto, apañaremos el sol. Daremos nuestra vida por un arma en paz.
4
Cantémosle a la tierra, al bahareque, al oro, al riesgo, al desafío.
Desenterremos el mal y sus secuaces. Reunamos tantos inspectores como sea posible. Crucemos las fronteras del imperio. Ingresemos en sus antros, en el fondo de sus cajas negras. Desarmemos su desvergonzada locura, con la fuerza de la paz.
5
Puño en alto final
grabemos el sueño entre los árboles desentrañemos los secretos al asombro tengamos mucha imaginación para ver la realidad asumamos absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuemos la gloria del mundo en un grano de maíz compartamos la luz al mismo tiempo que la noche oscura encendamos lámparas en el túnel de la infamia enloquecida mantengamos la espada en la trocha que corresponda abrir empuñemos las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada
LADRIDOS DEL SOL in memoriam: Karol Wojtyla
espadas espaldas espejos espinas lascivas locuras ladridos del sol espumas furores fulgores enigmas espacios desnudas manzanas se comen a Dios
Librémonos
Del poeta que escriba en menguante. Del sol que caliente la miseria. De la antigua procesión de hojas marchitas. Del virginal destierro sin regreso. Del zorro tiempo que cosió el silencio. De las vergüenzas, los odios, los bisiestos años. De los millones, billones o trillones de justos. De sus escombros, sus heces, sus herbajes. De los hombres buenos, fraternos o pendejos. De las rojas calificaciones del rocío. De la criptografía de los espías. Del aurinegro estiércol de los diablos. De los fatídicos cálculos arábigos.
¡Librémonos!
De los escupitajos. De los mortecinos ecos de una infancia hueca. De lunas distraídas, putrefactas, con psoriasis. De la antigua costumbre de ir por las laderas del hocico de algún pan sin nombre y apellido. De los cimientos, aleros o gargantas donde los helechos ocultan las crecientes y clinejas. De alguna vez sin sombra. De esos ojos que se van poniendo chinos de puro sentimiento muerto.
¡Librémonos!
De la brisa muda, confundida, agazapada. De la herida lágrima del beso de la puerta. Del llanto aguacero del payaso de los pájaros. De las simas infernales de la hormiga. De algún día sin noche. Del eterno aprendiz de pordiosero, de poeta. De ser tan sólo trapo viejo de cocina esenia. De la marginalidad de la mordaza. De la ciudadanía de la maleza. De la confusión de los espíritus. De las malas tintas, trinitarias, con pereza azul marina. Del alegre gasto de hojllas, saludos, palabras y regresos.
¡Librémonos!
De los relojes de los largos sueños. De los gestos, los cantos, cuernos, cuentos y coros de la tarde. De las viejas arenas del río. De las azules piedras del mar, sus costados y quebrantos. De mirar sin miedo a maltratar al ciego. Del hórrido graznido de un auricular espía. Del sol, la luna y las estrellas. De la luz que fue hecha. Del desorden sacrosantamente público. De los orinocos de la angustia básica. De la andanza de los cristos encarnados, truculentos.
¡Librémonos!
Del pavoroso tesoro del hambriento, el eterno basural de los sinsontes. Del hueso gustero. Del mañanero pedazo de candela. De la saneada policía embrutecida, envenenada. De la santidad de las semanas. De la conjunta mortandad de los calvarios. De la muda orfandad de los samanes. De los apócrifos pensamientos. De su vigencia escandalosamente moribunda. De tanto malandrín contemporáneo tan lleno de sabor latino.
¡Librémonos!
De alguna lupanaria invasión de los marines. De posesiones, transmisiones, misiones, sumisiones. De agresiones, regresiones, transacciones, conciliaciones o casinos. De la ginecocracia de la mujer. De las angélicas pasionarias arenas de las flores y las algas. De quienes juntan casa a casa y añaden heredad hasta ocuparlo todo. De maquinaciones, de coyundas y de yugos. Del monte sin bramido de ganado. De la economía sin fronteras. De las firmes retiradas. De las mentiras, de las granadas, de las carcajadas.
¡Librémonos!
De los amparos, los desamparos, los roperos, los preparos y reparos De los trabajos, los dioses y los días. De los bravos, de los buenos, de los feos, de los malos. De los barcos juguetes de garbanzos o gabazos. De las gaviotas de cada día. De la luz eléctrica desinfectante y puta. De quien nos siga, nos hurgue, espere y desespere. Del Eclesiastés. Del Eclesiástico. De los Excelentísimos Señores Superviajeros. De los pasajeros. De los proverbios, los refranes y los eros. De los cinco o cinco mil panes. De los cinco puntos cardinales de los canastos engrifados por el llanto.
¡Librémonos!
De los canarios, los gallos, los grillos, los cristianos y los trompos tuertos. De cualquier unión patriótica. De cualquier estado hideputa unido, supremo, checo, eslovaco, ecuménico o romano. Del nostradámico naufragio del planeta. Del enfermo pobre. Del remedio caro. Del tramposo viejo. De la hornilla muerta. Del acecho de la sierpe. De la estatua del silencio. Del complejo azucarero del diabético. De las impúdicas raíces cuadradas, literarias. De las impunes rimas estridentes, procelosas, desnudas o atenuadas. Del pus supremo de los viudos y los solos. De la ponzoña, la maleza y la cizaña.
¡Librémonos!
De las Constituciones, los Constituidos y las Constituyentes. De las vulvas quebradas del quebranto. De los suspiros lustrales del torrente. Del delirio augusto en torrencial plegaria. De la sinérgica vacuidad del cosmos. Del lirio y la vagina a la intemperie. Del cante jondo de Dionisio en galla misa. De los Smith, de sus deudas indeseadas, inmorales, indexadas. De los Truman vagabundos de la guerra.
¡Librémonos!
De los racimos del hambre y la miseria. De los ridículos seguros poderosos previsores. De las bárbaras sedes de los deltas del silencio en alta mares crines de arrechera encabritada. De la ansiedad de las pedradas. De virtudes, peines, arañas, alacranes y pañales. De la solemne soledad de los agostos. De la tristeza, esa mierda, compañera insoportablemente legañosa, tiernamente oscura.
¡Librémonos!
De tropezar con un martes trece. Con un caballo loco o un león insomne en fuego. De una madrugada acacia hambrienta. De la corneja al lado adverso del destino. De alguna tristeza ultramarina. Del aullido de la hiena. De la salvaje cabra, del chacal y del hurón. De la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.
¡Librémonos!
Del canto del gallo en aguacero. De la abismal oquedad de la renuncia. Del carcomido silencio en increíble soledad deshabitada. De los toreros muertos, de los huérfanos teteros. De la zocacola, las anhedonias, los pericos. De los fantasmas de Canterville. De los sobrevivientes. De Chernobyl. De las intelectuales escrituras patriarcales pendulares.
¡Librémonos!
Del rap de las hormigas. Del carrousel de las Eduvinas, las Adelas y las Adelitas. De los enanitos verdes. De los traviesos gusanitos. De los políticos paralíticos, sifilíticos. De la escasez del tiempo para el ocio, el vicio y el fornicio. De las mezclas con efectos especiales. De los bebedizos, menjurjes, barbechos y barbascos. De los puercos y los porchettos.
¡Librémonos!
De los contagios del alma. De los rituales. Del limbo y los reptiles. De los cristianos, cristales y vitrales. De los juanes, los mordiscos, las trompadas, estallidos y luceros. De los venenosos invidentes. De las tuercas, tutecas, lagartijas y cangrejos. De la tara, las lesiones, sus corotos, tormentos y lecciones. De las guerrillas, las calabazas, los velorios. De las ocurrencias de la muerte. De los ojos abiertos de los ciegos.
¡Librémonos!
Del medio camino de la vida. Del azufre, del agüero, del aojo. De la desnuda mariposa salamandra. De la amapola en luna descubierta. Del tísico pañuelo de la guerra. De consejas, sinagogas, conjuros y consejos. De argucias, fraudes, hurtos, dolos y asechanzas. De echar dado falso, de cargarlo. De caer en el señuelo o en el lazo. Del necio, sus celadas y sandeces. De confundirnos alguna vez de mano, de palabra, de noche o de locura. De lluvia, de casa o de garganta. Del canalla y sus vilezas. De la sangre colorada en desamparo permanente. De acampar algún día en ensangrentado llanto. De tener que cargar con la rosa agusanada sobre el opaco lomo del que nunca fuera.
¡Librémonos!
De la matadura de la memoria voraz que atiza los relámpagos. Del desbocado potro que golpea en el pecho sus chispeantes cascos herrados por el viento. Del vórtice abierto que engulla nuestra esperanza desolada. De la desolladura del barro que seremos. Del errante diluvio de los párpados insomnes. Del estridente relincho del rayo de los pájaros.
¡Librémonos!
De tener que mear sangre en los hocicos de los gusanos o pagar peaje con vinagre de Mahfud. De tener que presenciar el duelo de una telaraña con la lluvia. O el de un colibrí con el sueño de una cerbatana. De tener que oírle a la lluvia un cante jondo. O asistir al entierro de una hormiga virgen. De tener que andar en puntillas sobre un silencio o liberar una estrella de una luz alpina.
¡Librémonos!
De tener que regresarnos de la muerte u oírle al mar sus coruscantes sinfonías de agua. De tener que cambiar de aldea. De que se desteja el encaje del sol enfurecido. De que se desgaje el transido corazón del hombre. De que se desate la noche de la guerra o se zafe el curricán del mar.
¡Librémonos!
De que nos sorprenda el aplauso de un pájaro salvaje o la madre del caracol huyéndole a la pena. De aquél que no conozca la tristeza. De las indómitas fieras de la guerra. De tener que ver los mil cielos sin estrellas. De que el sueño sea el camino de la muerte. De querer en alguna madrugada abrirse una vena o un ojo que nos dé la libertad eterna.
¡Librémonos!
De la culebra amarilla de la acera en donde guiñan nuestra vida los goznes de los miedos menguados de unos asnos escondidos en los postigos del tiempo, amarrados al fulgor de la garita quejumbrosamente polvorienta de la lluvia en suerte.
¡Librémonos!
De las sombrillas del corazón. Del desierto de las bolsas. De las zapatillas de las brujas. De las gusaneras del Palacio. Del abrazo de un ogro purulento. De un Judas vivo o un Vallejo muerto. Del hambre, digo, del hombre decente, parte de la Religión, ese viejo escondite, guarida de dioses, infiernos y demonios. Del corazón, ese tercer cojón del hombre. Del sidoso divino providente. De los cojones de la Divina Providencia.
¡Librémonos!
LA VIDA
Hoy levanto mi copa por la vida
Gustavo Pereira
fresca pronta alegre cabizbaja
a veces agria dura
a ratos torpe en fuga pensativa
sorpresivamente alada
reciamente atuendo
oscuramente lumbre
siempremente dulceamarga
breve lechuza lujuriosa
temblor magia pluma misterio serranía
alegría música amanecer
incandescencia revelación azar
buena próxima lejana
misterio cercanía
ángel vuelo lecho pan
hosca difícil comprensiva
desnuda levedad a ras de suelo
Hoy levanto mi copa por la vida
Solitario insomne
Solitario insomne quien navega hacia adentro de su asombro
quien frente al mar llora alguna pena o busca entre las olas una carta en llanto
Quien cuenta los pasos a la estrella quien se deja llevar por el aire entre la noche cuando sobre la tierra sólo existen un cielo abierto un solitario insomne y una ola que cae o una estrella que sube de mano de la luna
Quien sabe de la muda orfandad de los samanes de los racimos del hambre y la miseria de la solemne soledad de los agostos del carcomido silencio en soledad deshabitada de los ojos abiertos de los ciegos del estridente relincho del rayo de los pájaros
Quien navega por la aireada sombra de los árboles aunque pronto su pie desaparezca en el amplio horizonte donde sueña en el zaguán del tiempo deshojado
SOLEDAD
me quedo con la arruga y el amor
Rada
me quedo con mi soledad afín me quedo con mi soledad azul me quedo con mi soledad atroz me quedo con mi soledad felina
me quedo con mi soledad arena me quedo con mi soledad arruga me quedo con mi soledad amiga me quedo con mi soledad severa
me quedo con mi soledad lunada me quedo con mi soledad salvaje me quedo con mi soledad gemida me quedo con la arruga del amor
me quedo con mi soledad espuma me quedo con mi soledad antigua me quedo con mi soledad bendita me quedo con mi soledad adentro
me quedo con mi soledad añeja me quedo con mi soledad futura me quedo con mi soledad soñada me quedo con mi soledad florida
me quedo con mi soledad eterna me quedo con mi soledad dorada me quedo con mi soledad trapera me quedo con mi soledad a secas
me quedo con mi soledad gaviota me quedo con mi soledad ansiada me quedo con mi soledad genuina me quedo con mi soledad preñada
me quedo con mi soledad alada me quedo con mi soledad a pie me quedo con mi soledad francisca me quedo con mi soledad cristiana
me quedo con mi soledad dormida me quedo con mi soledad desnuda me quedo con mi soledad presente me quedo con mi soledad descalza
me quedo con mi soledad insomne me quedo con mi soledad despierta me quedo con mi soledad ahumada me quedo con mi soledad al hombro
Madrid de Marzo
11 marzo 2004
En llamas en guerra sitiada
De muerte sin alba sin falda agostada
Sin hijos en sangre sin cara de lejos de tarde morada
Sin velos mañana bandera preñada sin niños humana alada
Sin modo ni cuándo sin fuerza crispada albar alzada llegada atada
Esclava cañada garganta en casa dormida prendida matanza estocada
Con uñas con pies con codos a trozos a tajos de golpe afueras trincheras esquinas celadas
Al hacha en soga paloma en medio doblada
De triste de amores sin luna blindada rampante empinada
De rabia espiga querella sin tregua de vida debida con vida en ruinas al mapa de escombros de máscara al cielo infierno sin dueño plegaria campana quejido lamento cuartel muchacha mujer mortaja postigo mañana calada
Encinas pinares los signos asombros los muertos la helada
Los moros las diosas las sombras los dioses los ojos las caras las señas el sueño el tallo la piedra cascajos acedias tejados amante despierta acerada
Ayer murientes por tu espada
Hoy dolientes por tu herida
Estrella gitana flamenca granada
Madrid España españas empaña entraña espada
Madrid maraña a secas de cara descalza de frente azulada
Madrid Atocha Madrid el Hombre Madrid Plural Madrid la Fragua Madrid la Torre Madrid Palabra Madrid Ahora Madrid Entera Madrid Granada
Madrid Castilla Canaria Juntada
Madrid Guernica Madrid Sevilla Madrid Vigilia Madrid de Marzo
Ayer murientes por tu espada
Hoy dolientes por tu herida
Madrid amiga nsomne paz manchada
Pasante o paciendo Osa y Madroño
Madrid andén Madrid mirar mirada
Mirad España rota
Mirad España
Mirad Madrid
Pablo Mora, nació en Santa Ana del Táchira (Venezuela), en 1942. Profesor Titular Jubilado de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET), de la que fue Director de Cultura. Asesor del Despacho Rectoral de la UNET en el área comunicacional durante los años 1992-1999. Perteneció a la "Cueva Pictolírica" de San Cristóbal-Táchira-Venezuela. Miembro de la Asociación de Escritores del Estado Táchira, de la Sociedad Bolivariana, del Circulo de Escritores de Venezuela, del Grupo Literario "El Parnasillo", del Taller Literario "Zaranda" y de la Peña Literaria "Manuel Felipe Rugeles". Ha publicado 6 Poemarios bajo el nombre de ALMÁCIGO, varias plaquettes y un libro de ensayos: CUENTA ABIERTA. Obras suyas han sido traducidas al vascuence y al italiano. Otras aparecen en las Antologías: "Poetas de América le Cantan a Bolívar", "Antología de la Rosa", "El Soneto en Venezuela" y "Sonetos a Bolívar". Su obra aparece reseñada en: "Diccionario General de la Literatura Venezolana" y en "Bibliografía y Hemerografía del Estado Táchira". Premio en la Mención Poesía de la I Bienal Nueva Esparta de Literatura (1991), Venezuela, con su obra: "De La Noche Insomne". Su más reciente poemario se intitula Asombro al descubierto de Ediciones Mucuglifo, Editorial Venezolana, C. A., Mérida, 1996. Premio en la categoría Ensayo con su obra La Razón del Tiempo La Universidad Venezolana de cara al Siglo XXI, en Concurso de la Gobernación del Estado Táchira, Venezuela, 1998. Ensayos del autor han sido divulgados en Espéculo, Revista Electrónica de Estudios Literarios de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (España), Nos. 9 a 15 de los años 1998 a 2000.
ladrones, traidores, asesinos, los
esclavizadores de la
tierra
WALT WHITMAN
Cuando en contra de un
criminal
lascivo como éste se está votando a un
mojigato
imperial, a tiempo completo, como el que
aparece distraído
y
sonriente en las pantallas, ¿qué se está
votando?, ¿una
serie
tragicómica?, ¿una convalidación
triste,
tristísima, contra todos?, ¿o un pozo humano
que no
tiene
ya medida? Pero los americanos, como
siempre
(y más que siempre), cubrieron su cielo
espeso
con neblina virtual y fuegos de artificio,
y
votaron. Y aunque nadie pudo elegir
nada
que no fueran las leyes secretas de
imperio
y el despliegue armamentista más
devastador
que se conozca, cada quien rumió, exclamó y
optó
por lo que pudo. A la vez, en cercanía
brutal
del centro de la escena (que es de las ciudades
en
ruinas y de las aldeas
desaparecidas
del planeta), los bárbaros más bárbaros
creen
que están abriendo los mejores negocios de
este
tiempo, y eso es lo que importa en
una
democracia perfilada y propagada a
esa
medida que aún no tiene fondo a
la
vista ni destino probable,
imaginable,
ni más razón o abismo que el que sus
huestes
dejan.
TIWANACU Los pueblos originarios vuelven
A Nidia, en Tiwanacu
Cuando la tierra habla, cuando las entrañas y los fondos estremecidos hablan, también lo hacen en sus lenguas milenarias sorprendentes, y redivivas bajo el sol. Cuando los lechos de las aguas hablan, lo hacen con sus minerales vastos, inmemoriales y profundos. Cuando las semillas y las raíces hablan, abren alas, ojos y caminos en el aire y en los pechos, como un irrumpir soleado de la vieja historia que alumbra todo (hasta la noche) y fertiliza todo, para proseguir la marcha.
Buenos Aires, 21 de enero 2006
Los días, los pueblos...
Sin economía propia no hay camisa ni sueño ni aire propios; sólo el flamear en tus espaldas y brazos de una falsa batucada, que te tirará del cuello hasta ahorcarte.
gennaio 2006
VENDRÁN POR EL AGUA
"Vendrán por el agua", leí en un manifiesto... "Vendrán por el agua", dijo el joven militante, "si no se ahogan antes". "Los tiempos se tensan y acortan", escuché decir noches pasadas en un debate interminable. Un país se aclara, oscurece y se agita como un río (y pocos creen ya lo que mienten en los diarios). Los bárbaros, a todo esto, merodean las costas, calculan y abren juego. "Vendrán por el agua", se escucha cada vez más por estos lados. Y esa sed, se ve, es ciega y letal; es infinita.
Buenos Aires, enero 2005
VIEJOS MOTIVOS, NUEVOS TIEMPOS (El mapa negro)
Al principio, si aún lo recuerdas, llegaron con espejos; después malhirieron, trizaron, escupieron, y te dejaron sin piso ni luces ni trabajo; después, haz memoria, empaquetaron y embarcaron lo que con tu sudor habías acopiado o raspado del fondo de tu lata; y ahora, lo ves, quieren saber de qué escribes y a quién le escribes, y lo que hablas, o no hablas, y con quién hablas. Y tienen motivos --aquéllos y nunca otros fueron sus motivos-- y sienten temor de que un mal día de tormenta te despiertes y acometas con soez maldición y con tu historia. Y ellos, a esta altura de la cena, es mejor saberlo, no quieren turbulencias, banderías, malos ratos, y se entiende; están sentando bases, muchas bases, y tejiendo un mapa sincronizado y sorprendente de mallado fino, para que puedas respirar la noche desde adentro y no pienses (ni recuerdes) ni tengas malos sueños ni te pierdas.
Un mapa, un mapa, sobre el mapa; un mapa negro.
Buenos Aires, abril 2005
CARTA AL CONTINENTE Cuba inmensa
Qué entereza, Cuba, hermanos, cuánta fraternal humanidad de pie y defendiéndose de los poderes coloniales blindados y criminales de la Tierra, con razón al cuello, como con pecho abierto, alma abierta, y señalando a los cuatro vientos toda la vergüenza del mundo, todos los pozos negros y el dolor del mundo, sus costras, sus asfixias, a la hora en que el silencio, la voz entrecortada y el murmullo parecen cundir bajo la extorsión y la impudicia, en un planeta hoy de la hambruna, la ruina bárbara y la muerte. Qué entereza, Cuba, hermanos, por todos los hombres, por este tiempo y para todos los tiempos, y por la vida misma que nunca va a rendirse.
Buenos Aires, 15 de abril 2005
DESOCUPADO
(Salmo 2000)
Un desocupado, Dios, es una pieza única que hace a tiempo completo su trabajo; una pieza insustituible a todo el engranaje; una mudez; un grito; un balbuceo; un canal nivelador que espera aguas, aparentemente más cerca de la sequedad y el olvido que de la administración planificada de riquezas. Un desocupado, Dios, con su desierto y su niebla, vital a este equilibrio de espejismo, donde cada cosa empuja o devora a cada cosa. Se repite, se confunde, y se alza ya como discurso de escena, que el desocupado está descupado de toda función o todo uso, mientras la máquina infernal, abismal, ahonda el pozo.
LA REPÚBLICA CROMAÑÓN Y SUS MUERTOS
No hay capitalismo sin enajenación política, no hay capitalismo sin barbarie y terreno flojo, no hay capitalismo sin niños ni jóvenes asfixiados, no hay capitalismo sin jóvenes en alto riesgo (o bajo una infernal sombra de plástico), no hay capitalismo sin transa acomodando todo, no hay capitalismo sin funcionarios rápidos (especialistas en tirar el bulto camino abajo), no hay capitalismo sin encierro y humo y gente hacinada, herida y pisoteada, no hay capitalismo sin gente cayendo a oscuras, no hay capitalismo que pueda abrir la boca sucia, en la noche en que se ve todo, desnuda todo, a pozo abierto y en llaga viva.
"En este país todo se arregla con plata..."
De una manifestante
Buenos Aires, 2-4 de enero 2005
República Cromañón ya no es sólo el nombre de una discoteca de Buenos Aires sino también el de una de las páginas más negras de la Argentina de estos años. La muerte por asfixia y quemaduras de 188 personas, en su mayoría jóvenes, pone al desnudo por sus bárbaras características otro ejemplo de irresponsabilidad criminal y todo un sistema de permisividades y corrupción en la cosa pública. El deceso de más de una decena de niños, ya que en el lugar los baños también funcionaban como guardería infantil, acrecienta la gravedad del hecho monstruoso que moviliza a una sociedad que no sale de su estupor y reclama el fin de la impunidad y justicia.
Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Algunos de sus poemas y artículos fueron incluidos en diversos suplementos y publicaciones del continente: revista Crisis (Buenos Aires), revista Alero (Universidad de Guatemala), revista Shantih (Nueva York), Revista Nacional de Cultura (Caracas), entre otras. De su obra poética édita se cuentan: En la medida de tus fuerzas (1982), Silbos (1986), Hojas de sábila (1992), N.Y. Postales para enviar a los amigos (1999), Bocas baldías (2001), entre otros títulos. En el año 2000 publicó un trabajo de investigación con antología acerca de la poesía del Harlem titulado Harlem: los blues de la historia, y en 2004 apareció en Casa de las Américas (La Habana) su obra El mercado de la muerte. Dirigió en el lapso 1994-2002 la revista de poesía latinoamericana Cuaderno Carmín.