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Crisis
Crisis: Acción de decidir. Riesgo, dificultad. Cambio, transformación. Angustia, oportunidad. La del individuo en el que se produce una dramática confrontación de los conflictos psíquicos. La de la sociedad en la que las estructuras quedan desfasadas, sin lograr canalizar adecuadamente la dinámica vital más pertinente. La de la educación por vía de conflictos generacionales que arremeten contra los obstáculos estructurales en los sistemas educativos y en las instituciones de la sociedad en general. La de la explosión escolar ante el aumento de las necesidades educativas, tanto cuantitativas como cualitativas. La de la reforma de cara al cambio profundo educacional por encima de los avatares políticos, con sentido de continuidad y en el marco de una visión prospectiva sobre el futuro de la sociedad. Crisis: La derivada del progreso necesario de la historia dominado por una ley general que determina la sucesión de épocas orgánicas y de épocas críticas. La de la Reforma y el nacimiento de la ciencia moderna. La de la época presente en su falta de organicidad, de uniformidad en los valores y en los modos de vida. Crisis: Literaria. De hombres. De pueblo. De responsabilidad. De jerarquía. De urbanidad. Económica. Institucional. Civil. Castrense. Eclesiástica. Profana. Crisis de la Universidad. De la Justicia. Crisis de la unidad. De la igualdad. De la presunción. Del egoísmo. De la libertad. Todo en razón de no haber alcanzado la conciencia nacional las estructuras ideales que le permitan una síntesis capaz de servir, a manera de tabla de valores, para fijar meta a las acciones del pueblo... mientras la Historia no ha realizado su verdadera función de cultura, y el pueblo vive aún en la linde mágica de la liturgia de efemérides. (Mario Briceño-Iragorry ). Crisis: La evaluación de las ocasiones de avance social. Sentido de piedad y de comprensión humana ante el fenómeno de los pobres, de los excluidos. ¿Cómo mejorar? ¿Cómo librarnos de la pobreza? ¿Cómo convencernos de que todos los náufragos tienen derecho a ser salvados dentro de los límites dimensionales de la barca? ¿Cómo desconocer que las oportunidades sociales son una trampa, al tener que aceptar las reglas de un juego que no se controla? ¿Cómo negar que son laberinto de insensatas componendas para mantener en movimiento máquinas ignotas de las que no se conoce bien ni la cabeza ni la cola? Crisis: Ante el convencimiento de que ninguno es libre, salvo quienes controlan el poder. El resto, una distribución de ilusiones, de sombras, de apariencias de quienes están por encima de su clase social. Lejos de que la libertad comience donde termina la de los otros. Crisis: Ante el gobierno de los ricos frente al de los pobres y potentados. Frente a la democracia inexistente, concentrada sólo en una clase económico - política. Cada vez más alejada de un sistema en el que las necesidades y deseos de los hombres se confronten en un debate civil y se traduzcan en decisiones y consensos colectivos. Antes que sea necesaria una acción de agitación, de rebelión, con acciones ejemplares para sacudir a los culpables y rescatar los propios derechos menguados, ultrajados, socavados. Crisis: La de una nación que sufre, sueña y espera. La de una nación que apenas es, pero se hace. Que a partir de una herencia, proyecta su mañana. A punta de voluntad común. De conformidad y polémica. De acuerdo y discrepancia. De unidad y pluralidad. De fuerza central y dispersa. De ayer y de mañana. De fracaso y éxito. De embates y de sueños. De peligro y ocasiones. De angustia y riesgo. De malestar y de esperanza. De tedio y de coraje. De miseria y salto. De aprieto y desahogo. De depresión y auge. De alarma, contingencia y cambio. De empeño, salvación y curso. De angustia, aprieto, posibilidad... justicia, libertad y paz. |
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Instruirse, alistarse, organizarse. Vivir conforme a nuestro fuero interno. Tejer bien la madeja colectiva. Entretejer asombros al mañana. Deplorar la injusticia, el pie descalzo, la lluvia engarrotada, el desvalido —miserable torpeza de la noche—. Oírle los crujidos a las horas. Palpar la inofensiva algarabía. Sumarse a la marea, la insurgencia, ataque o contraataque necesarios. Ir a contracorriente de la muerte, del abismo insondable, tenebroso. Ponderar el momento, la salida; las armas de los perros y los pájaros; el diapasón del bosque del silencio; los presentes, ausentes, los reales; los pozos de las rosas y los muertos; la rosa que nos lleve a las estrellas: la rosa roja en el azul del sueño, en su azarosa búsqueda del tiempo por ver el rumbo que la tierra escoja. Insistir, persistir en la gestión. Fortalecer la vena del camino. Archivar cometidas y derrotas. Recobrar el derecho de las piedras. Conjugar sueño, polvo, soledades. Perderse entre la niebla de la albada. Informar, informarse, vigilar. Celar lo estrictamente necesario. Administrar pertrechos, desengaños, triunfantes en la lumbre de las sombras, contra la terquedad y la asechanza. Hacerle honor a la Divisa Humana, al hormigón de la feliz partida, al paso de los soles que nos resten. Que el sueño siempre cumpla su promesa. Advertir que el rumor de un pueblo almado es más bello, más puro que el rocío. Hallarle el pan a quien lo pierda o sueñe. Concurrir al llamado de las flores, cuando sangre el costado de la rosa. Pendientes del dolor de las palomas, cuando aceche penumbra, horror, borrasca. A pesar de aspavientos o fracasos, disponer de la vida mientras tanto, hasta que alguien decida lo contrario. De noche retroceden los relojes. Apostar a la paz, a la victoria. Que se apiadan los dioses de nosotros, de nuestra rabia, cólera o locura. Toparse, acompañarse, entusiasmarse. Adherirse, juntarse, desaislarse. Unirse, reunirse y asociarse. Llevar en el pañuelo una granada, ya pase lo que pase, por si acaso. Alumbrarle el sendero a las luciérnagas. Alzar al sol el grito la bandera. Velar por el camino de la aurora. Andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver qué semillas recoger. Es tiempo de arrumbar los macundales, de encontrarse de nuevo con la vida. Usar el cielo en caso necesario; a la tierra, en ausencia de sus manos o a la mano, por falta de semillas. Emborronar de lluvia los poemas. Desempeñarse, amarse e ingeniárselas. De lidia en lidia, al alimón, al quiebro, en busca de la obranza, el propio temple. Fuera del alcatrazo de la muerte. Muy lejos de la sombra para siempre. Volar sobre el misterio de la arena. Labrar el día, rasguñar el cielo. Dejar en batallón nuestros silencios. Deslindar terredad de abatimiento; legado, salvación, andaje, velas; concomitancia, urgencia, nave o barca; madrugada, alarido, terquedad. Apostar al insomnio su demora.
Darle tiempo al camino a que regrese. Descubrir el espacio, igual el mundo. Escarbar, explorar, crecer, llegar. Encontrar, encontrarse, desplazarse. Afrontar, afirmarse y alcanzarse. Encendida la lámpara en la noche, candil intermitente de la aldea. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Prender la mecha al viento, armar al pobre. Armar a Dios definitivamente. Armar al prójimo y armarte. Amén. Las Acacias, domingo, 10 de junio de 2007 |
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Pura como la sal, intacta, erguida, la casta, demente luz deshoja el tiempo Eliseo Diego |
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Hijos del sol, quemados por el sol, a quien debemos plena nuestra sombra, a pesar de bullicios o pesares; a pesar de la lluvia o la calina, a pesar de victorias y derrotas, placeres, desazones o quebrantos, de contramarchas, marchas o desplantes, de inclemencias, de fraudes, recesiones; a pesar de la tregua o la trinchera, a pesar de los otros o nosotros, a pesar de la risa o la osadía, los gigantes, pespuntes, los instantes; a pesar de ventura o desventura, de semillas, laureles o paisajes, de las ruinas, las vueltas y revueltas, los rayos, las culebras y los sapos, las creencias, mentiras o verdades, las cárceles, burdeles, la esperanza; la embestida, amenaza o arenales, el eclipse, el escaño, los lugares, los rumores, las brasas, claridades; los acontecimientos, las borrascas, las cúpulas, iglesias y fachadas, testimonios, testigos e inocencias, lumbres, desilusiones e ilusiones. A pesar de lecciones, selecciones, fundamentos, ganancias, percepciones; a pesar de evidencia, prueba, acierto, de sombras, de sorpresas o de asombros, de encantos, desencantos o de engaños; de suertes, espejismos, coherencias, de embalajes, de enveses o reveses, de vivencias, de goces, contingencias, razones, sinrazones o clemencias; de cuentas, soledades o disfraces, de casos, de rechazos o trancazos, entuertos, desaciertos o de aciertos; quehaceres, enseres, medio días, necesidad, urgencia, pensamiento, misterio, angustia, enigma, llanto, apremio; hallazgos, llagaduras o soberbias, itinerarios, términos, confines, espejos, fondos, flecos o trasfondos, reinos, ruletas, cirios, cofradías, gritos, sentires, albas, fogaradas; palmas, aclamaciones o desgracias, pérdidas, imprevistos, decisiones; barrancos, hojarascas, hojalatas, artilugios, veredas, vendavales; intemperies, delirios, universos, espigas, migas, ligas, trashumancias, artimañas, enredos, fogonazos, suspensos, intenciones y temblores; abismos, danzas, hambres, credenciales, profecías, cabañas, huertos, sauces, peldaños, cuartos, calles, desvaríos; amarras, parpadeos, marejadas, horrores, trampas, máscaras, cristales, orejas, sobres, rastros, rostros, nombres, regresos, ramas, remos, ruidos, ruedos. A pesar de tener que competir, partir, andar, luchar, llegar, vivir: auscultarse, encontrarse y aceptarse; hallarse, oírse, dar, existir, darse. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Más allá del amor, las piedras sueltas, las culpas, los resabios, los refranes, nos queda la palabra para siempre. Hijos del Sol, quemados por el Sol, no vamos ni venimos, sólo somos: estamos en las manos del tiempo. Lo más alto, el asombro, el vino en vida. “Para que se aprenda en el mundo que los que tienen bosque y agua pueden cortar y navegar, pueden ir y pueden volver, pueden padecer y amar, pueden temer y trabajar, pueden ser y pueden seguir, pueden florecer y morir, pueden ser sencillos y oscuros, pueden no tener orejas, pueden aguantar la desdicha, pueden esperar una flor, en fin, podemos existir, aunque no acepten nuestras vidas unos cuantos hijos de puta”. (Pablo Neruda). |
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¿Acaso seria del cielo silencioso de invierno de quien aprendí los largos silencios iluminados?
Federico Nietzsche |
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Al silencio se le oye gritar en la montaña. Basta con saber de la naturaleza alpina o haber pulsado el diapasón del Ande, para corroborar el reino del silencio, su hospedaje, fundos, predios, enigmas, solarajes. El señuelo de la poesía se funda en el silencio a modo de pensar oculto, secreto, escondido en el más alto sueño. Espectáculo enervante, entre nosotros, como en cualquier rincón alpíno, oír el amanecer camino del Zumbador. Palpar la hora en la que el verdoso silencio se despierta, en la que, desperezada, el alba levanta los susurros al viento. El silencio mordido por las ranas semeja garzas pintadas de lunitas verdes. Engrifado el prado, se erizan cielo y animal en manos del sol que se despierta. Entonces el silencio iluminado comienza a platicar. De par en par en manos de la luz, el hombre inicia su trajín. Frío, silencio, altura, en reto permanente, ante la dulzura musical que alcor, presagio, empeño, alumbra.
En esa hora matinal, desprendida de la paz albada, pareciera que el hombre tomase el pulso al mundo. En silenciosa ligereza alada, donde la suprema levedad oficia, en vuelo el hombre, confiado, retorna, se apresura, se dispone, se entrega, se eterniza. La suerte de la tierra virilmente recae en el hombre. Profundamente altos, los Alpes y los Andes de codo con el hombre fraguan el azul en cósmica entrega permanente. Entonces, el hombre se abre a la palabra, la levanta, la enarbola entre su huerta. Blandiendo diapasones subversivos, la lleva hasta la cima, la despliega, asegurando la militancia plena por la belleza y la verdad del sueño. Hombre y suelo en aspas transformados, cimientan la esperanza, en oronda libertad fundada.
Apoyada sobre el hombre, de pie, proveniente de la larga noche insomne, la palabra —forma de vida, asombro deshojado— pasa a ser compromiso, riesgo, santo y seña; desafío, soplo, aire, poder de creación; rayo, sol, susurro de semilla, fluir inagotable del murmullo; génesis, memoria vegetal, larga sombra de cópula y prodigio; el vientre de las flores anunciando el suspiro de los soles; el silencio hospedado en la cascada o el anafre. Palabra y poesía y silencio. Al principio fue el silencio. El mismo aliento que al principio fue. Silencio del silencio del silencio.
Empieza por abrir la soledad. Por escuchar el día y sus afanes. Sigamos al arroyo en su silencio. Convéncete del viaje hacia la sombra. Que vuelvan los caminos a encontrarse. Vayamos al misterio como el río. Fijemos a los sueños su mirada a lomo de coraje y de esperanza. Zumbe el silencio mientras hombre viva. Ilumine el silencio todo sueño.
Sobre la polvareda de los sueños, entre borrasca, grito y alborada, locura al cinto, en lucha con su pena, andando, andando, andando, andando, andando, por obra y gracia del asombro el hombre, resistiendo en la tierra de la noche como un árbol al pie de la tormenta, silencio a la intemperie, al descubierto, insomne, terminal, asombro insomne. El más airado grito de la tierra. El más largo silencio iluminado. |
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Martes, 20 de septiembre de 2005 Rabian porque Cuba es el más inmediato querer y la vergüenza de Fidel toda la dignidad en pie de guerra Víctor Valera Mora (1935-1984) |
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Chino Amigo, por Harold Alvarado Tenorio, recordé que hace setenta años viniste al mundo, justo el 20 de septiembre de 1935, llegando a ser “uno de los más singulares poetas venezolanos y uno de los más desenfadados que haya producido la lengua... un declarado enemigo de la pacatería, las morales convencionales, los amigos del dinero público y de todos aquellos que venden su conciencia mientras se cambian de ropa interior”. Por su parte, Pedro Pisanu Molero, alumno de la Maestría en Literatura Latinomericana y del Caribe, promovida por la Universidad de Los Andes, Táchira, en enjundioso ensayo se pregunta: “La poesía de Víctor Valera Mora: ¿Crónica de una edad o presencia de la neovanguardia en Venezuela?” En resumen de marras, aclara: “El presente artículo hace una valoración de la poesía de Víctor Valera Mora, destacando su aliento renovador en medio de la creación poética venezolana de los años setenta. A pesar del tema político que aborda parte de su obra, ésta no puede calificarse de panfletaria, ya que es notable en ella la modernidad de un discurso donde lo caótico y lo cotidiano confluyen en la creación de una voz propia, la cual se ha ganado un lugar destacado en la historia literaria del país”. Al terrible profesor Manuel Bermúdez, citado por Alejandro Salas, en su “Antología comentada de la poesía venezolana”, se le ocurrió el siguiente juicio: "El amor arriesgado y la muerte por inmersión en el peligro, siempre han sido ingredientes poéticos que han gustado a los lectores, desde Homero a Hemingway, y ese gancho de palabras ha sido el anzuelo verbal con que Valera Mora ha reunido en torno a su discurso a borrachos y abstemios, putas y beatas, intelectuales y obreros, concretos y abstractos, físicos y metafísicos". Lo que nadie hasta ahora sabe es que la carta que dirigí a Fidel Castro, el 26 de julio de 1998, - suficientemente difundida por Internet - me la dictaste un día que también amanecí de bala, con tremendas ganas de justificar esta guerra. Déjame echarle un vistazo: “Fidel Amigo: El mundo está con usted y con su Cuba, nuestra Cuba, más bandera que nunca desplegada a la esperanza. A pesar de todas las interferencias en estos días de noche oscura, el mundo sintoniza, está pendiente del Territorio Libre de América. Quienes sabemos del camino, del viento, del Moncada, del Che, de la sierra, de la muerte y la arboleda —los mejores testigos de sus sueños—, rogamos para que Martí los acompañe y nos recuerde que la inteligencia se ha hecho para servir a la patria y que la libertad es la religión definitiva, mientras la poesía de la libertad el culto nuevo. La voz de Europa, la del mundo, la de América y América Latina esperan a cada instante por su voz, por la voz de Martí y la de Bolívar, las voces certeras del encuentro en Libertad. Porque nunca la tierra más firme ni más azul el mar que desde la garita de las islas. Desde estos ventisqueros de Los Andes, de donde partiera el Héroe a liberar sus patrias, pedimos a la gallarda cubanía, empuñada entre sus manos, ilumine la noche que se cierne sobre América. Que la espada de su isla no cese en la trocha que nos falta por abrir. Que las manos de Bolívar fuljan en sus manos, hasta que América alcance su destino al fragor de sus hazañas, mientras vibre su espada en el camino. Que el ejército rojo, insomne, vele por nosotros en esta noche de América, al lado del barco mercenario que nos mira, nos apunta, nos vigila. En esta suprema encrucijada de historia y liderazgos, donde cada quien quiere su imagen agigantar, decida usted, amigo, como los héroes, entre el destino y el poder. Usted que tiene la palabra, el destino y el poder, díganos: ¿Cómo subsanar el hambre en Libertad? ¿Cómo sobrevivir? ¿Cómo trascender en sobrevida? ¿Cómo grabar el sueño entre los árboles para que vaya andando en el aire, como ellos, hacia arriba? ¿Cómo compartir la luz del mundo al mismo tiempo que la noche oscura? ¿Cómo condenarnos juntos o salvarnos todos con las mismas manos y las mismas sombras? Comandante Amigo: Cada uno tiene su Moncada, su encuentro con la historia. Ojalá, entre los reales dominios de la violencia, sepamos ajilar esta caña, abrir este camino entre los dioses y los lobos que asechan la esperanza. Salud, estrella de cinco puntas, estrella de todos los justos. Salud, Sol solitario, Sol de José Martí, Sol del 26 de Julio. Sol de América, Sol del Mundo que haremos, los que vamos a vivir le saludan. Prohibido llorar sobre los vivos. Préstenos su esperanza, ternura y arrechera; sus montañas, sus morteros: su magia, soledad, naufragio y suerte; sus planos, sus trincheras, sus secretos, para empuñar fusiles nuevamente. Mientras tanto, al calor del merensón, de la música caribe en que se esconde el diapasón del Tiempo, señálenos usted el rumbo, el ritmo, el paso, el viraje, el aire que nos falta, el necesario, para andar en alta mar, en alta vida. Sólo, entonces, el hombre peregrino, en medio de esta horrenda polvareda, marchará alegre y sin ningún sonrojo. Convencido de que roja será la rosa que recuerde su paso. De que roja será la rosa en el azul del sueño. Hasta que vuelva el fantasma a recorrer el mundo y nosotros le sigamos llamando Camarada. ¡Hasta la empuñadura! ¡Hasta la Victoria Siempre, Comandante! ¡Hacia la esperanza! ¡El laurel y la luz del ejército rojo a través de la noche de América con su mirada mira!” Finalmente, Chino Amigo, el al alimón de “Asombro al descubierto”: Yo me celebro en la poesía como quien celebra una boda con un cuchillo pero digo y que mi boca sea borrada desde los últimos rincones del infierno la poesía sacará sus uñas y nos verán a todos y no precisamente con las manzanas en las manos Yo justifico esta guerra Nuestros deseos los llevamos engatillados hasta que por las rendijas de las ventanas veamos pasar con su sombrero alado y su vestido de flores y su cesta y su dignidad y un gran escándalo en el pecho a la vieja de los pericos Es todo por hoy amigos míos mañana cuando mi verso se alargue el pantalón regresaré con el viento en armas a reclamar algunas y otras cosas |
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De Pavese a Sanguineti tras el retro vanguardismo allí donde no había cielos ni tierra estaba el verbo y el verbo se estremeció y de sí creó universos divino poder divina majestad grande relación de los días comienzan los días reláfica que despertó consciente ¡menudo verbo! Despertó la tierra despertaron los árboles despertó la palabra en el verbo cuenta por fin creado el tiempo cuentan los días y las noches las nubes existen el verbo esgrime palabras de piedra sacrosanto verbo tifón de tiempo verso y verbo palabra y flor todo en un orden empieza por el centro orden divino acento primigenio sale entonces un primer sol y siete soles pueblan un solo cielo siete cielos poblados cada uno de siete soles y desde entonces cada trece días siete cielos nuevos desde y hasta el infinito hablando en voces de preguntas se abren las manos en medio de la tierra y se entendieron y se unieron y se llenaron los campos y las montañas abrieron sus caminos y sucedió y es cierto que los valles dormidos despertaron y los ríos penetraron el corazón del valle y los de las montañas y hablaron los ríos el océano brotó de una de las apasionadas conversaciones entre el río y la montaña y de agua se poblaron las tierras el caldo prioritario calentó las calderas del tiempo y grano a grano se desliza la vida primera candela de conciencia sonidos y silencios sumidero del espacio por allí escapa el verbo su invención es casi inmortal y si no hay viento es necesario crearlo entonces verbo hace viento sucede que viento no muere y viaja y se anima y nacen todas las cosas los animales enjambres de cosas para el verbo carne fuego sangre agua luz sonidos metal músculo cerebro sueño creación universo Jazmín Sambrano Necesidad de construcción Fruto de las severas soledades turinesas, del friolento, mágico entorno que envuelve al Piamonte, signado por el trauma proveniente de la prematura muerte del padre, seguida del autoritarismo materno junto al de la hermana mayor al tomar el puesto de la madre, Cesare Pavese mantendrá una como poética del extrañamiento, a la par que una insólita patología o asfixia existencial que lo acompañarán toda su vida. Sumido en un verdadero horror instintivo, su sensibilidad, su masoquismo o tatuaje vivencial, los confirma en Il mestiere di vivire: “Este es el rastro de una crianza infligida con dureza a una índole sensibilísima y tímida de por sí. Es el residuo de los terrores de gran parte de mi infancia.” Ambiente que le hará concluir: “He aquí explicada mi capacidad poética: partiendo de un estado de endurecimiento experimentar la voluptuosidad de fundirse, de ablandarse -voluptuosidad que durará mucho, mientras no se hayan volatilizado todos los escollos de mi infancia.”1 Precisamente en Insomnio, Pavese nos refiere parte de este conflicto de marras: “Mi padre no dormía de noche porque era viejo y le parecía que era perder el tiempo… En un tiempo (cuando éramos niños), ya medio dormidos en el lecho lo sentíamos tocar la cuerda en el establo y abrir de par en par la portezuela que chillaba raspando. Entonces aquel rugido nos parecía una amenaza, la verdadera voz de nuestro padre, que insomne velaba y en la noche exponía la casa a los tremendos peligros que un rumor imprevisto puede suscitar en la sombra… Era el mes de agosto y no había que sorprenderse si un viejo no quería dormir. Mi madre poco a poco callaba, pero yo tampoco lograba conciliar el sueño (me imaginaba el vino y las charlas de la noche).”2 La nostalgiosa Turín, la urbe por antonomasia de Pavese, la Augusta Taurinorum, Giovanni Papini llega a calificarla como una ciudad fatal, particularmente para los filósofos. En efecto, enfáticamente expresa: “Quando sarà fatta la ‘geografia spirituale’ della terra ci accorgeremo che Torino è la città più fatale ai filosofi.”3 Al respecto, confirma su tesis, al recordar los trágicos fallecimientos de Gian Giacomo Rousseau, Pietro Giannone, Giuseppe De Maîstre, Vincenzo Gioberti, Arturo Gobineau, para concluir con Federico Nietzsche, quien en el propio Turín, en la calle Carlo Alberto, 6, en una habitación del tercer piso, terminó siendo víctima de la locura, de la cual no se liberó sino con la muerte. Hipótesis o tesis, que viene a confirmar Cesare Pavese con su suicidio en una habitación del Hotel Roma de Turín, el 27 de agosto de 1950, ratificando, así, su proyecto, su contradictoria asfixia, situación existencial, cultivada desde sus primeros años, al rescoldo de su agitada, tempestuosa investigación poético-narrativa, de destrucción y de muerte, inmerso en las colinas y las Langhe de Santo Stefano Belbo, donde naciera el 9 de septiembre de 1908. Concluía, entonces, la faena humana de Pavese, convencido de que vendría la muerte y tendría la mirada, los ojos de una mujer: Constance Dowling: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos- esta muerte que nos acompaña desde el alba a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento o un absurdo defecto. Tus ojos serán una palabra inútil, un grito callado, un silencio. Así los ves cada mañana cuando sola te inclinas ante el espejo. Oh, cara esperanza, aquel día sabremos, también, que eres la vida y eres la nada. Para todos tiene la muerte una mirada. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Será como dejar un vicio, como ver en el espejo asomar un rostro muerto, como escuchar un labio ya cerrado. Mudos, descenderemos al abismo. Poema de Cesare Pavese (Versión de José Agustín Goytisolo, Plaza & Janés, Barcelona, 1971)4 De ideas audaces para su tiempo, de espíritu complejo, desde muy joven Pavese se dedicó al periodismo, afiliándose al Partido Comunista, por lo que sufrió persecuciones y exilios durante el régimen de Benito Mussolini. En sus últimos años, acaso desilusionado de sus juveniles entusiasmos políticos, cayó en una intensa melancolía que lo llevó al fatal desenlace. Su gloria como novelista la alcanzó rápidamente a partir de su muerte. Narrador naturalista, con fuertes ribetes paisajísticos, acordes en su mayor parte a su Piamonte natal, en el conjunto de su producción sobresalen la agudeza de observación y una gran fuerza expresiva. Pesimismo, angustia, un "algo" jamás encontrado palpitan en las novelas de Pavese. Póstumamente fue publicado su Diario con el título Il mestiere di vivere (El oficio de vivir), obteniendo una acogida mundial, tanto que no han faltado insignes críticos que hayan afirmado ser el de Pavese un Diario muy superior al de André Gide. Libero Bigiaretti es un convencido de que el estilo de Turín es un estilo de narrador y no de poeta. Refiérese a una ciudad donde domina l’esprit de géométrie en su minuciosa cuadrícula urbanística, donde apenas tienen cabida las semejanzas antes que las metáforas, la descripción tranquila, reposada, antes que el grito o la exclamación, salvo alguna página lírica o patética, derivada del majestuoso, manso y mundano paso del Po, cubierto por la estupenda cadena de colinas verdosas que cobijan a la urbe soñolienta. Habría que delucidar si, de verdad, existen las ciudades narrativas propiamente dichas y las ciudades poético-descriptivas per se. Lo cierto es que para quienes hemos tenido la ocasión de vivir en tan rectilínea y aparentemente oscura, friolenta, misteriosa ciudad, toda arbolada, apenas si el verso ha estado totalmente presente. En medio del señorial enigma ensordecedor que al tiempo que envuelve el encanto paisajístico y sentimental, de una manera cuasi demoníaca insufla en su habitante una pesadumbre, una como modorra, donde la salvaje belleza de las colinas mismas no permite el disfrute de la Turín, de noche y bella, durmiente bajo la luna, amable en su solemnidad, con sus brumosas tejas y sus sueños apenas expresivos. Desde el silencio nocturno de Turín, de pronto la nieve cabizbaja que discurre en el frontal tejado es la que hace brotar el verso en su saudade: Este mirar caer la nieve y sin poder decir nada por ahora sin conseguir un recuerdo ni siquiera Se podría pensar en la guerra En pleno invierno pobre soldados yertos de frío llorosos tiritando entre la noche Indefensa y asida de las tejas la nieve sueña que sueña mientras vela su muerte de antemano Qué blanco tan puro el de la nieve blanco que emblanquece el día y con el día el alma y sus ensueños Durmamos con la nieve ahora que se puede mañana quizás hasta la nieve vestirá de rojo Pero no yo que nací en plena guerra no quiero saber más de guerra Digamos sólo ¡Señor menos fuerza para la guerra y más valor para la paz! ¡Que nunca más la nieve se enrojezca!5 Yendo al esbozo de una poética, en busca de que “cada poesía resulte una construcción en sí” más allá de la selección implícita en el “poemario” o presunto cancionero, cancionero-poema construido (Las Flores del Mal u Hojas de hierba), en el interior de Pavese va tomando consistencia la idea de la poesía-relato -cada poesía, un relato-. Su exigencia de una viril objetividad del relato, acompañada a la vez de un sentimiento de misógina virilidad, le llevan a desembocar en una poesía-relato que él soñaba objetiva. Es cuando no puede dejar de demostrar su hondo placer, después de años de chillidos poéticos, por haber llegado a hacer reír a una de sus poesías. Había descubierto la imagen, el propio relato en su conjunto. De seguidas, pregona su enunciado, en torno a la fuente de toda actividad poética: “La esencia de la poesía es la imagen.” La considera el punto crítico de cualquier poética, de nada fácil dominio o superación. Hasta que, agitado por el aguijón creativo, concluye en El oficio de poeta: “Pero el caso es que mis imágenes -y mis relaciones fantásticas- iban complicándose cada vez más y ramificándose en atmósferas enrarecidas.” Atmósferas en las que Pavese finca sus iniciales intuiciones, surgidas del paisaje de la infancia y que a su vez apuntalan la “teoría del mito”.6 Falsa o prematura la ambiciosa definición de la imagen como argumento del relato, en una segunda instancia superada, señala Pavese: “Se tratará de describir -no importa si directa o imaginativamente- una realidad no naturalista sino simbólica.”7 Reconoce en la tormentosa sensibilidad que reposa en su poesía, la proyección de complejos y de angustias, la figura del “scappato di casa” propia de la narrativa americana -afín a su background- y que en tanto “fuga” y necesidad de evasión refleja la alienación del escritor en la sociedad. Clásica referencia es la insistencia en una preciosa remembranza, evocación de sus fuentes naturales primigenias: “Si hay algún símbolo en mis poesías, es el símbolo del que ha escapado de casa y regresa con alegría al pueblecito, tras haberlas pasado de todos los colores y siempre pintorescas, con poquísimas ganas de trabajar, disfrutando mucho con cosas sencillísimas, siempre generoso y bonachón y franco en sus juicios, incapaz de sufrir a fondo, contento de seguir a la naturaleza y gozar a una mujer, pero también contento de sentirse solo y sin compromisos, dispuesto a recomenzar cada mañana: los Mares del Sur, en suma.”8 Reconoce Pavese la persistencia, la reiteración, a modo de ritornello creador, del aire piamontés; cómo sus imágenes no son sino múltiples e ingeniosas facetas de la imagen primaria, fundamental: la de su tierra, su Piamonte y él, preguntándose: “¿Tal mi tierra, tal yo?” A partir del establecimiento del paralelo satisfecho entre el Piamonte y él, se propone en su poesía futura el que no falte ese elemento, convencido como estaba de que “la condición de todo impulso poético, por elevado que sea, es siempre una atenta referencia a las exigencias éticas, y también prácticas, como es natural, del ambiente donde se vive.” 9 “Lo que equivale a decir -según él- que el primer fundamento de la poesía es la oscura conciencia del valor de las relaciones, incluso las biológicas, que viven ya con una larval vida de imágenes en la conciencia prepoética.” Pensaba que seguramente le debería ser posible hacer poesía sobre una materia de fondo no piamontesa, aunque hasta ahora no lo había sido nunca, reconociendo, así, que aún no había “salido de la simple reelaboración de la imagen representada materialmente por sus lazos originarios con el ambiente; que, en otras palabras, en su laboreo poético había un punto muerto, gratuito, un material subyacente del que no lograba prescindir.”10 Material subyacente, eterno retorno, vivaz residuo objetivo, acopio vital, hormigón histórico, telúrica esencia vivencial, memoria pasional, afectiva angustia, asombro ante el primer nicho, terrígeno goce natural, sangre, vereda indispensable, llamado del medio que lo circunda, lo posee y absorbe vaya a donde vaya, venga de donde venga. Ligazón natural que explica, define plenamente la unidad de su obra poética: una poesía situada en el corazón de Los Alpes, en la nívea fulguración de su Piamonte, en su Ciudad Amada, su Turín eterna. De la que en El oficio de vivir nos regala una extraordinaria, espeluznante postal donde demuestra categóricamente el amor que a Torino le profesara a tenor de una racionalización lírica, intelectual, del “patrimonium salutis”, de su yo histórico existencial de cara a todas las posibilidades ulteriores del renacer, del bien óptimo, placentero, en progresiva homeostasis socioambiental-cósmico- ideológica.11 Postal, estampa lírico-narrativa, que paradójicamente, por enésima vez, nos retrotrae al paisaje que, en Pavese, “se manifiesta obsesivamente y es inseparable en la relación con el protagonista, como una génesis de su destino, fundamental y dramática.”12 He aquí el texto de marras, donde Pavese brinda estupendas palabras de amor, de estima, de fe, de esperanza a su ciudad adoptiva. Standone lontano, comincio a inventare una funzione condizionatrice dell’arte propria nel Piemonte e centralmente in Torino. Città della fantasticheria, per la sua aristocratica compiutezza composta di elementi nuovi e antichi; città della regola, per l’assenza absoluta di stonature nel materiale e nello spirituale; città della passione, per la sua benevola propizietà agli ozi; città dell’ironia, per il suo buon gusto nella vita; città esemplare, per la sua pacatezza ricca di tumulto. Città vergine in arte, come quella che ha già visto altri fare l’amore e, di suo, non ha tollerato sinora che carezze, ma è pronta ormai, se trova l’uomo a fare il passo. Città, infine, dove sono nato spiritualmente, arrivando di fuori: mia amante e non madre né sorella. E Molti altri sono con lei in questo rapporto. Non le può mancare una civiltà, e io faccio parte di una schiera. Le condizioni ci sono tutte.13 Diríamos que Cesare Pavese hizo honor a la consciencia o interacción ontosófica individuo-ambiente e individuo-ambiente-universo, donde el cuerpo ecosistémico a partir del psíquico y psicosomático, apuntala todo proceso o proyecto poiético, poiesológico, en vibrante corporeidad óntico-existencial socio-creadora. Como los grandes genios creadores, en vida y en palabra, Pavese homenajeó a la sabiduría del ser, universalizando, desde la opacidad de la neblina y la nieve, la quimera, el orden, la pasión, la ejemplaridad, la virginal espiritualidad de su querido lar. Tenebrosa, demoníaca lumbre, que, absurdamente, lo llevase al estoicismo del suicidio, al amor-muerte, al través del remolino de la impotencia, del derrumbe, del vivir peligrosamente, de la inquieta angustia, que sonríe sola, desde la que brindara poesía a los hombres, compartiendo penas, asombros, enigmas, soledades. Porque en su vida, apenas tiempo tuvo para reconocer sus propias taras, escondidas en las arenas movedizas de un aparentemente dulce valle repleto de múltiples, sorpresivos interrogantes y misterios, que nunca supieron de su pena, su cáncer, sus no-amores, sus secretos. Torino, lugar del que se vuelve y a donde se volverá, vino a ser en el fondo una herida siempre abierta por donde desahogó el poeta sus tantas atmósferas enrarecidas. Los lugares únicos vienen a ser la fábula, el mito cotidiano, el sello mítico, a modo de imagen central del retornar perpetuo. Con todo y a pesar de uno y tanto embate, concluye tajantemente Pavese: “Queda en claro que la necesidad de construcción nace, para ti, de esta ley del retorno. Magnífico. Queda al tiempo en claro que el sentido de tu vida no puede ser sino la construcción… Todo es repetición, recorrer de nuevo, retorno. En efecto, incluso la primera vez es una segunda vez.” 14 Lugares, palabras y sensaciones, naturalismo y símbolos, realidad simbólica, conciencia de los mitos, resumen su copioso itinerario creador, desplegado desde Lavorare stanca hasta sus póstumas poesías de Verrà la morte e avrà i tuoi occhi, conformando magistralmente el impetuosamente agitado estro del mito pavesiano. Aunque llego a decir que “la poesía consiste en dar a la página ese simplicísimo temblor que da la realidad”15, adelantándose al realismo mágico de hoy, nos ofreció un precepto singular digno del mejor filósofo: “Contar las cosas increíbles como si fueran reales -sistema antiguo-; contar las reales como si fuesen increíbles -moderno.”16 Cesare Pavese, convencido de ser coautor de la nueva historia, abrió camino a la nueva poesía en permanente gestación, la que de hecho se prolonga ante todo en Edoardo Sanguineti. Conteste con Salustio en que los mitos son cosas que no sucedieron nunca, pero existen, están ahí, y consciente de que la poesía es una como disciplina que trata de algo falso en la medida que es real, se propuso ser testigo de la humana faena, fija la mirada en las pasiones del hombre, en sus goces, glorias, pequeñeces, falsedades, arrogancias. Estando al corriente de la concepción de la poesía como bella buggia, ha podido suscribir el pensamiento de Luis Beltrán Guerrero: “Y nunca con mayor razón, aquí, lo de razón de la sinrazón o verdad de la mentira, que es el arte… Razón de la sinrazón es poesía. Imágenes, palabras, metáforas, transfiguran la realidad inmediata, que es la realidad aparente. La realidad verdadera (razón) la entrega el poeta en la aparente sinrazón de su poesía… Si se cree que el mundo que los sentidos transmiten es verdadero, entonces, poesía es sinrazón de la razón, mentira de la verdad. Pero la belleza de esa sinrazón y de esa mentira, será entonces la verdadera verdad. Belleza, verdad, justicia, bien, libertad, amor, son los nombres distintos de Dios sobre la tierra. Poesía es, en definitiva, un modo de conocer a Dios.”17 El diario póstumo Il mestiere di vivere (1952) -laboratorio del poeta y del narrador, del traductor y del estudioso de los mitos: ciertamente una trocha del trabajo infatigable del lector voraz y curioso de lo nuevo- nos verifica el paulatino tránsito de Cesare Pavese al ir abandonando la poesía por la prosa, dándole la razón a Bigiaretti, quien notara en Turín un estilo narrativo, no poético. Si bien Pavese antes que ser conciencia de una generación per se, es un escritor dotado de múltiples recursos, fondos y estratos, entre los que predominan sus transparentes relaciones de carácter sobre todo estilístico o ideológico-contenutístico, de estudio del lenguaje y de los mitos, trató siempre de encontrar una forma suficientemente autónoma e innovadora, que le permitiera liberarse de cualquier aliento predominantemente neo-romántico; así como defenderse de todo hermetismo, camino de un cabal neo-realismo. Tras el retro vanguardismo al principio fue el caos la tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la luz del abismo pero el espíritu de dios se cernía sobre la superficie de las aguas dijo dios haya luz y todavía envueltos en la noche seguimos esperando importante una almohada donde recostar el alba recuperar el hilván con que zurzamos el espacio de la caída donde vida sea arte arte vida fija la mirada en el libreto asomarnos al canto de los árboles escuchar el aplauso de los pájaros acabar con el vértigo la urgencia acabar con la guerra que nos cruza con la noche que nos cruza con el hambre que nos cruza paridora de soles cruce el alba acabar con la crisis que nos triza con el caos que nos acosa con el caso del ocaso con el saco de la cosa con el asco del ocaso que te acosa con la tisis que nos crispa acosar al caos al ocaso de las cosas pasto sea de demonios el asco de los dioses el alba un día sea inevitable la fuerza del grito la sombra del silencio la palabra de pie como el rocío noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbra todo ocaso va viene se repliega caos cosa caso asco saco acaso acoso grabar el sueño entre los árboles desentrañar los secretos al asombro estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada p. m. Cesare Pavese anticipa las razones de disenso de cara a la literatura de mediados del siglo XX, manejadora de una apertura lingüística representada por la “neo-vanguardia”, enarbolada por el Grupo 63 italiano -de los “novísimos”- y encabezada por el líder indiscutible Edoardo Sanguineti, uno de los máximos poetas italianos vivos, residente en su ciudad natal Génova, autor de una teoría de vanguardia en clave marxista basada en el binomio ideología-lenguaje, dentro del ciclo experimental que se sitúa en las vertientes de una visión del mundo en vías de una “nueva novela” o “novela experimental”. Su poética incentiva un plurilingüismo salpicado de non sense al tiempo que un extrañamiento al interior de los contenidos socioculturales. Novela que, en concepción pavesiana, tendrá que empeñarse en profundizar la claridad del mito. Novela experimental en cuanto que el sujeto -sujeto proyectante- antes que proyectarse él mismo, proyecta el mundo. Angelo Guglielmi, al preguntarse: ¿qué es la novela experimental; en qué momento de la problemática de la evolución de la novela ésta nace? responde: “A mi modo de ver, la novela experimental nace en el momento en que el escritor se da cuenta, advierte que ya no logra tener una relación con las cosas, con la realidad, utilizando los viejos esquemas interpretativos, o sea, describiéndola según aquel conjunto de valores elaborados por la civilización burguesa neocapitalista. A partir de este momento el escritor arroja a las ortigas aquellos esquemas ya deteriorados y, en la necesidad de seguir intentando una relación con la realidad, recurre a nuevos esquemas que ya no son esquemas de significados sino esquemas formales, de ruptura, cuya aplicación le permite recuperar una noción ‘liberada’ de realidad, o sea, recuperar las cosas más allá de los falsos valores con que se disfrazan.”18 Es cuando Edoardo Sanguineti alude a la actividad mitopoiética ligada a la novela, a la identificación básica entre poesía y actividad mitopoiética, concibiendo la mitología como organización del discurso narrativo, y no como mera serie de contenidos. En sintonía con Pavese en torno al sistema antiguo y moderno, en alusión a lo real y lo increíble, Sanguineti muy puntual y atinadamente sostiene: “El horizonte naturalista no es sólo un horizonte de contenidos, un modo de percibir la realidad: es ante todo un modo de narrar, es esta organización de materiales de acuerdo al principio de una fabulación verificable en la inmediatez de lo vivido. La novela nueva, en general, pone otra vez el acento precisamente sobre el elemento de ficción, sobre lo que definiría como la conciencia mitopoiética: cuenta una historia que es al mismo tiempo verdadera y falsa.”19 Es en este momento histórico-literario donde la experiencia de Pavese cobra la mayor vigencia, resultando verdadero maestro de estilo y de vida ante las generaciones que le sucedieron, particularmente encarnadas en el Grupo 63 y la Novela Experimental. Respecto a la cual el propio Sanguineti afirma: “Imaginemos, en fin, que se deba definir como novela experimental la que no refleja pasivamente el proceso de modificación de las estructuras de base, pero, aun operando obviamente en el horizonte de la homología burguesa, intenta desde el interior de este horizonte mismo una operación de cuestionamiento; no recibe pasivamente los contragolpes de la modificación estructural sino que intenta activamente tomar conciencia de ello. O sea hace posible en la novela la experimentación-cuestionamiento.”20 Sanguineti, según Guido Davico Bonino, define la novela experimental como aquella “en la que (con el ejemplo de algunos grandes del siglo XX: Joyce, Kafka, Mann) se advierte una transparencia mitológica, pero de una mitología no metahistóricamente asumida en filigrana, sino fundada sobre la base de una antropología como historia.”21 En opinión de Fausto Curi, tal novela “es la que no cesa de cuestionar las estructuras de la novela burguesa tradicional… Lo que el escritor experimenta lo experimenta como cultura, pero sobre todo como lenguaje… la experiencia directa que tiene es la experiencia de una determinada situación de lenguaje… Y es obvio, para mí, que una experiencia lingüística es siempre también una experiencia ideológica.”22 Por su parte, Antonio Porta, en referencia al ámbito de la antropología entendida como historia, al interior de la psicopatología, en pro de una nueva antropología, concluye: “No es que el novelista pretenda que uno se deba comportar, mover, etc., en la vida, exactamente como en las novelas experimentales; es absurdo, evidentemente, pero sus proposiciones, en sustancia, intentan ampliar cada vez más el campo visual, desplazar la línea del horizonte, descubrir nuevas posibilidades para el lector y para una nueva sociedad. No me parece que haya otro modo de definirnos como experimentales.”23 Pavese, evocando su poética, tras el rigor del ejercicio estilístico, encaminado en una dirección mítica, no se olvida de expresar a su amigo Sanguineti, en el mes de febrero de 1950, algunos consejos en torno al esclarecimiento del mito y a las motivaciones absurdas e irracionales del inconsciente, a las que en cambio dará libre paso la “neo-vanguardia”, particularmente Sanguineti, en obras como Laborintus, Triperuno, Capriccio italiano, Il Giuoco dell’Oca. He aquí los términos de la correspondencia: | | | |
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