Para qué la poesía
Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.
Rafael Cadenas
Ars poética (De Intemperie - 1977)
Para mantener abierta la palabra
Para reinar sobre la muerte
Para revivir cada día
Para sentir junto con los otros
Para sacar la flor de las cenizas
Para vigilar mientras todos duermen
Para que le sirvan
Para apuntalar el sueño
Para servirse
Para alimento espiritual
Para unir lo posible con lo imposible
Para salvar del diario morir
Para hacer más vivo el vivir
Para la Poesía y la Verdad
Para la vida
Para transformar la vida
Para limpiar cuando el poder corrompe
Para cambiar la vida
Para alentar todas las otras formas
Para la fidelidad al relámpago
Para la memoria de los pueblos
Para la salvación del hombre
Para el asombro antiguo
Para un no sé qué
Para descubrir los secretos del mundo
Para llevar el infinito a cuestas
Para salir a la percepción de la mirada
Para alumbrar la maravilla
Para todos y por todos
Para despertar a latigazos el silencio
Para defender el milagro de la vida
Para amar a los otros
Para mantener abierta la palabra
“En la poesía el hombre se une a los fundamentos de su existencia. Ser humano es ser una conversación” (Heidegger). Es decir, una comunión, base de la vida humana, del vivir humanamente. Misión del poeta es conservar en custodia el poder encarnado en el lenguaje. “Escribir poesía es un proceso de descubrimiento, de revelación de la música inherente, la música de correspondencias, la música del paisaje interior. Corre paralelo con lo que en la vida de una persona se llama individuación: la evolución de la conciencia hacia la totalidad, no un aislamiento de la percepción intelectual, sino una percepción que abarca todo el ser, un conocer, un tocar, un “estar en contacto”. (Dense Levertov). Lo que hace pensar a W. H. Auden que “la poesía es lenguaje en el más personal, el más íntimo de los diálogos. Un poema sólo tiene vida en cuanto un lector responde a las palabras que el poeta escribió.”
“La tarea del poeta es aclarar para sí y por lo tanto para los demás las interrogantes temporales y eternas que estén activas en la época y comunidad a la que pertenece.” (Ibsen). “Tenemos la lucha diaria, inevitable y mortalmente seria de apoderarnos de la palabra y ponerla en el contacto más directo posible con todo lo que se siente, ve, piensa, imagina, experimenta.” (Goethe). “La tarea del poeta es mantener abierta la comunicación entre el hombre y su imaginación, el hombre y sus sentidos, el hombre y el hombre, el hombre y el bien natural, el hombre y los dioses.” (Swedenborg, Levertov).
“La palabra -así la poesía- aparece como medio necesario de la comunicación, que consagra el momento en que se funde un lenguaje nuevo, el momento en que el nosotros se realiza en la alianza del yo y el tú... El mundo en que vivimos es un mundo de la palabra... Nada es para nosotros verdadero mientras no podamos anunciarlo al mundo como a nosotros mismos... Escritura es liberación. (Saint-Beuve) Tal es el camino del escritor: la disciplina de la expresión lo libera de los espectros que lo frecuentan... La decisión para la expresión marca el umbral que permite pasar de la pasividad de la roedura interior a la actividad creadora... El poeta es el hombre que vuelve a reconquistar, a encontrar la palabra gracias a una ascética que se la libra.” (Georges Gusdorf).
Para reinar sobre la muerte
Según Gustavo Pereira, acaso la más sagrada pretensión de la poesía sea la de “enseñar, conmover, deleitar, agradar o instruir; sobre todo iluminar, es decir, hacer visible lo oculto, develar otra realidad -o la verdadera realidad.”
“La poesía -y el poeta- se enraízan en esos deslumbramientos tormentosos que han permitido al hombre elevarse desde las sombras de su sinuoso pasado: el asombro, el amor, la fraternidad, la dignidad, el afán de justicia, de lucidez, de libertad... Toda cosa o criatura que habite o viva en el universo sobrepuesta a su propia consumición, henchida de germinaciones, todo estallido o iluminación en un cuerpo consciente o en una solitaria y errabunda piedra espacial pueden ser también parte o esencia de esa rara melancolía y esa pródiga alegría íntima que muchos llaman poesía, pero que acaso no sea más que la desconocida e inalcanzable región de un sueño que los hombres hemos inventado para reinar sobre la muerte.” (G. Pereira).
“El objetivo de la poesía, en un mundo cada vez más reducido a la maquinización y sus falsías, es también contribuir a la rebelión colectiva... La injusticia social es, entre todos, el peor de los males humanos, puesto que permite reinar a la muerte. La poesía es, como se sabe, el reino de la vida... La verdadera poesía -escribió Eluard- no se puede vincular con lo que declina y muere.” (G. Pereira).
Para revivir cada día
Alegría, alborozo, en orden a la obra colectiva en cierne. Sociedad Poética que nos confirma que la existencia no es más que un plagio (Moravia) y que todos los poetas escriben las mismas cosas con uno que otro colorido. Poesía, Sociedad Anónima. Tal vez la única continuidad de la Poesía sea ese hormigón profundo que, de siglo en siglo, establece una solidaridad poética universal. Sólo existe un poema y un poeta y hasta una sola palabra para los hombres y los libros que existen, existieron o existirán. Un mismo hombre converge con el otro, océano de por medio, con la misma angustia, con el mismo dolor, para ver eidéticamente la misma gota de lluvia deshojada en la trinchera, en la vanguardia, en las barracas de la guerra cotidiana.
Un pedazo de pan para los pájaros. Un alarido entre la guerra. La imagen vegetal de la lechuga. Un alpargata recibiendo sol. La sílaba final del viento... Sed de viento, de maíz, de pan. Palabra, cosa, huella, sombra y pólvora. Risa loca, risa engatillada. Atropellada rabia... El paso de Mercurio adolescente. O Marte espantadísimo del hombre... Siempre sola, oculta, detrás del misterio mientras murmura alrededor la noche... Crezca en tus manos la raíz del hombre. La paz sea contigo hasta en la guerra.
"Comarca de utopía para morar". Errabundaje, trashumancia del hombre que mira hacia la estrella. Lucha al pie del hombre, diariamente, por saber para qué se hizo, para qué sirve la palabra; si sirve para algo la alegría, si creen las espigas en el hombre, si vale la palabra todavía... La palabra siempre. En la punta del tiempo navegando. Cabalga que cabalga en las tinieblas
La medida justa del misterio humano... arma cargada de futuro... Jaula de cristal, hembra jadeante... Espuma de la noche, temblor de espuma, pie de sol enfurecido. Piedra de los dioses, sueño de la piedra, piedra de los sueños... Fecunda entraña de la luz... Lo más alto del hombre, el asombro... ¡Antes del Alma fue la Poesía!
Por sinfronismo, por el deseo de que algún día, en alguna parte, alguien reviva nuestros sueños, alegrías, pesares, arrecheras, creencias y esperanzas. Por arte y juego, por jugar al adivino y proponerle adivinanzas o prepararle trampas al tiempo que se esconde en los pañuelos. Por evasión, a pesar de tanta horripilancia en la nariz o en la bragueta. Por ansia de inmortalidad, quedando bien sembrado aquí en la tierra como nuestro perro en el jardín, donde nos oye, desde que el día amanece. Por compromiso, porque quien escribe debería ser un soldado armado para protegerse de la muerte con pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre tuviese que inventar cada día su propio día, como a Sartre gustaba. (Raúl H. Castagnino).
Para sentir junto con los otros
La tarea del poeta consiste en una investigación continua desarrollada en dos planos: el del conocimiento lo más completo de cada aspecto de la realidad, en confrontación con la sensibilidad del poeta mismo y su weltanshauung o modo de interpretarla y de transformarla, y el de la expresión o creación propiamente dicha, la que antes no existía: la poesía per se, la novedad, la invención. Nace, así, el evento poético, que indaga sobre la vida, sus fases, sus afectos, problemas, relaciones, todo lo que envuelve y mancomuna a los hombres en el gran misterio de la vida: la solidaridad, la amistad y la igualdad humanas.
"Es muy difícil dar una opinión sobre el provecho de la poesía individualmente: depende de factores particulares del poeta. Puede ser la concreción de una necesidad esencial, una manera de ver y mostrar el mundo, una manera de sentir junto con los otros... Socialmente, significa incluir a los lectores y entonces tiene que ver con lo que el poema transmite, convoca. Existe, como casi todos conocemos, aquella clásica controversia sobre 'el arte por el arte o el arte para la sociedad'. Actualmente se considera ingenua la ideología que afirma que la poesía (la literatura) es un arma y puede cambiar la sociedad. El tiempo ha demostrado que la literatura no evita el hambre, la injusticia o la corrupción. Tampoco cabe cuestionar al arte -la literatura, en este caso -porque tenga como fin su propia poética, su intención estética específica (lo que se ha llamado 'torre de cristal'); el verdadero artista muestra siempre un mundo diferente y la literatura cumplirá su destino, cualquiera sea el camino con el que el artista la instrumente. La cultura, el arte, han nacido de una necesidad humana y cualquiera sea la interpretación de esa necesidad (psicológica, estética o espiritual), allí donde hay arte, hay un testimonio del espíritu humano, una prueba de la esencia creadora del hombre." (Graciela D. Bracaccini).
Para sacar la flor de las cenizas
Le preguntaron a Borges: ¿para qué sirve la poesía? Y él respondió: “¿y para qué sirven los amaneceres?” A Ernesto Mejía Sánchez preguntó Jorge Bustamante sobre la utilidad de la poesía, y él a su vez respondió: "La poesía no sirve para ganarse la vida, sirve para ganarse el alma.” Por su parte, Ludwig Zeller, le respondió: “Siempre he creído que la poesía -no sólo en las palabras- es la que da sentido a la vida. Que ella tenga una resonancia en lo inmediato o no, no tiene importancia. Yo creo que es una forma de iluminación con que los seres podemos sobrellevar lo cotidiano, acercarnos a la magia, al mundo paralelo de los sueños. ¿Qué más se puede pedir?” A pesar de que para Kepa Murua “la poesía huye hacia la nada sin sentido ni conciencia alguna”, Jaime Sabines afirmó poéticamente: “La poesía sirve para sacar la flor de las cenizas.”
Para vigilar mientras todos duermen
Definitivamente hay que vigilar. No nos queda sino vigilar mientras todos duermen. (E. Montejo). La labor del poeta es la de la vigilancia. La tarea de la poesía: vigilar. Que la eternidad no es más que el mar andando con el sol. O una calle, el mundo de madrugada, no más que la vigilia del poeta. Sentemos día y noche a la Belleza sobre las rodillas, a pesar de que amarga la sintamos y tengamos que injuriarla. Escuchemos las estrellas, sentados al borde de la noche o el camino. Enconchémonos nomás en el misterio. Hagamos lo imposible con tal de ser videntes. Abordemos lo desconocido por medio del desequilibrio de todos los sentidos. Necesario ser Vidente. Hacerse Vidente. Volverse Vidente. Vigilante. Por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos.
Vuelve, Arturo, Vidente Amigo. Recuérdanos siempre la Vigilia, su vigor y su ternura. Que nunca, esclavos, maldigamos la vida; antes, libres, cantemos, vigilemos la marcha de los pueblos. Seguros de que, al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades.
Amanece con el alba, barco ebrio, mariposa de mayo, perdida en las crines de los huracanes de Marsella, compartiendo el fulgor de Aldebarán. Ermitaño augusto, vigoroso camarada, esquiva naufragios y centellas, vuela libre tu alma centinela. Armémonos contra la injusticia. Demos por sagrado el desorden de nuestro espíritu, por ineludible el insomnio y la noche que nos cruzan.
Indispensable llegar a lo desconocido. Porque en el tiempo no fuiste un pájaro sino un rayo en la noche de la especie, una persecución sin tregua de la vida, una raza que canta en la tormenta, relumbra, vela, brilla, resplandece, para que el canto siempre permanezca.
Para que le sirvan
Rafael Cadenas, consagrado poeta venezolano, ha dicho: “La poesía mora lejos del poder... lejos de fanatismos... Lejos está asimismo de grandiosidades porque ellas alejan a la gente de su realidad básica extraviándola peligrosamente. Lejos de utopías, pues por impositivas, aunque con buena intención, suelen llevar a destructividades que no se preveían, ejemplarizando la horrible paradoja del bien que se trueca en mal. Lejos de nacionalismos porque, parafraseando a un socialista francés, llevan en sí la guerra “como la nube lleva la tormenta”. Lejos de ideologías que ponen barreras entre los hombres impidiéndoles que se den la mano, como quiere Salvador Pániker, por encima de lo simbólico “a un nivel más hondo y más real”.
“Hace años -precisa Cadenas- una poeta muy querida me hizo en una entrevista la pregunta que ya es cuasi ritual de para qué sirve la poesía, pregunta que por reiterativa nos lleva a sospechar que se trata de un quehacer enigmático, puesto que siempre está indagándose su función. Yo le contesté: “A la poesía se le sirve más bien, cuando hay suerte”. Y sus servidores son los poetas. A través de ellos hace su aparición. En ocasiones se quita su traje y se viste de prosa, entonces es ésta la que le sirve de portadora, y asoma en la novela, en el cuento, en el ensayo. Los autores le dan forma y pasa a vivir en los lectores que la recrean. Al hacerlo, en cierto modo son también poetas. A veces se ausenta y hay que salir a buscarla; esto puede ocurrirle a un poeta o a una época en un país. Ella es como una gran construcción creada por todos los poetas, y me parece inseparable del trabajo interior de cada uno de ellos. No la concibo separada de esa tarea. En tal sentido tiene un lado extraliterario. Machado, de nuevo Machado, la ve como un yunque de constante actividad espiritual, y también psíquica, podría agregarse.”
Para apuntalar el sueño
En su célebre Defensa de la poesía, para Shelley la teoría de la poesía -ars artium- llega a ser igualmente teoría de la actividad creadora en general, la que soporta y nutre la vida; llegando el espíritu poético a ser el verdadero motor del mundo, puesto que, en suma, el mundo nace como poesía, siendo ésta responsabilidad hacia los otros, absorbiendo el nuevo conocimiento de las ciencias, adaptándolas a las necesidades humanas, coloreándolo con la luz de la imaginación, con las pasiones, transformándolo en la sangre misma de la naturaleza humana. Puesto que, según Shelley, la poesía es “el centro y la circunferencia del conocimiento, pues comprende todas las ciencias y todas a ella se deben referir.” Ya Cervantes nos advertía que ella -la poesía- se ha de servir de todas las ciencias, mientras todas se han de autorizar con ella.
Desde otra óptica, la poesía en sentido lato si bien no tiene que ver directamente con la política, se ofrece como la práctica más eficaz de la que se puede disponer, en cuanto la capacidad del individuo de crear un mundo utópico, mediante el florecimiento de las potencialidades humanas y de la creatividad en sí, privilegiando al extremo la conciencia de sí, en detrimento de un compromiso político como tal. De una u otra forma, letras, poesía y ciencia andarán siempre de la mano apuntalando el sueño de los hombres.
Para servirse
“La poesía, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar, la volverá en oro purísimo, de inestimable precio...
La excelencia de la poesía es tan limpia como el agua clara, que a todo lo no limpio aprovecha: es como el sol, que pasa por todas las cosas inmundas sin que se le pegue nada: es habilidad que tanto vale, cuanto se estima: es un rayo que suele salir de donde está encerrado, no abrasando, sino alumbrando: es un instrumento acordado que dulcemente alegra los sentidos, y al paso del deleite, lleva consigo la utilidad y el provecho.” (Miguel de Cervantes Saavedra).
Para alimento espiritual
“Si bien como alguna vez escribió Borges: No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil, en estos tiempos pragmáticos la poesía es el poco alimento espiritual con que contamos, y el que a su vez nos permite soñar que es algo que a nadie le pueden quitar.” (Juan Guillermo Ríos Becerril).
A pesar de la contundente expresión de Auden en cuanto a que “la poesía no hace que sucedan cosas... no hace que ocurra nada”, a través del diálogo que el poeta establece con el Tiempo y la Historia -como en el caso de Auden mismo-, al través justamente de esa mirada espaciotemporal, confirmamos con Joseph Brodsky que “los poetas se han puesto sobre la tierra para crear la civilización”, constituyéndose en su verdadero centro y raison d’etre humana. A pesar de que “tal vez sólo se trate de sentir la vida en nosotros. La vida, lo desconocido, el misterio, la naturaleza, el ser, el Tao, el Self o como quiera llamarse eso que no tiene nombre y sobre lo cual nada se puede decir.” (R. Cadenas).
Para unir lo posible con lo imposible
“La poesía y su fruto, el poema, están indisolublemente unidos a la natural inconformidad humana. Mientras la filosofía requiere principios, argumentación lógica, verdad develada y desocultada; la poesía sugiere y, desde la intuición, une lo posible con lo imposible; lo real y lo irreal; los sueños y la vigilia.
El lenguaje poético se resiste a las normas de cualquier tipo. En su ímpetu deplora el sentido común... Su mayor cualidad reside en ser el centro mismo de la claridad y las aspiraciones del hombre, de su abismo y de sus sueños más altos. El ser de la palabra poética no se acomoda a las cosas que pueblan la superficie... Cuando el poeta necesita nuevos referentes, cuando el lenguaje le parece inadecuado o impropio para decir y decirse, penetra en la búsqueda azarosa de nuevas palabras. Esta búsqueda insaciable de riesgo, de sufrir condena, desde Prometeo, ha impulsado al poeta a su más formidable manifestación: el poema; el poeta se ha liberado. La más esplendorosa autonomía de lo humano reside allí, en la creación. El jamás será esclavo de la palabra. Lengua y lenguaje lo han humanizado. Es por la palabra que el hombre toma conciencia de su libertad. En la comunión con otros la palabra es el vino y por eso los hombres se purifican bebiendo y hablando.
Vivencias, sentimientos no constituyen aisladamente la gestación y culminación del poema. A lo sumo, podríamos reconocer en ellos un átomo germinal de poesía, que de no fundirse con la vida misma no podríamos alcanzar la explosión poética... Cuando la vivencia, la intuición u otra categoría personal se hace LENGUAJE, sólo en ese caso, adviene el POEMA. Nace el poema... El poema dice lo que dice. La poesía no es explicación de las cosas ni ella misma necesita explicación. El misterio del poema se resuelve en su transparencia.” (Ibar Varas).
Para salvar del diario morir
Para Sabines la poesía es un “acto gratuito, un misterio tremendo al que hemos buscado durante años en nuestra juventud, en ese encuentro tremendo de las palabras con el misterio de la vida. La poesía es un suceso, un acontecimiento, una ocurrencia de todos los días... como una maldición o como una bendición que nos salva del diario morir... Vivimos una gran soledad, y la poesía como un gesto amoroso, es un puente que tendemos entre una isla y otra isla. La isla de Sara, la isla de Jaime; un puente entre nuestras propias vidas. La poesía no es más que un puente que tendemos entre una soledad y otra”.
Deber, mandato ya del alma, de los dioses, los hombres o las cosas, la poesía, frente a todo individualismo, aboga por la libertad del hecho creador en busca de goce, vida y libertad para la humanidad entera.
Para hacer más vivo el vivir
El poeta moderno habla desde la inseguridad. No tiene más asidero que la vida. Seguramente una voz queda le dice en los adentros: La época de las causas ya terminó. Ya no puedes aferrarte a religiones, ideologías, movimientos, ni siquiera literarios. Se acabaron las banderas. Pero este desengaño lo libera para luchar en otra clave por lo que religiones, ideologías, movimientos dicen defender: lo religioso, lo humano, lo valedero.
Esa voz, que parece la del nihilismo, podría ser más bien la voz de la vida que desea recuperarnos.
¿Qué se espera de la poesía sino que haga más vivo el vivir?
(Rafael Cadenas).
Para la Poesía y la Verdad
La indisoluble unidad que en su vida tuvieron la realidad y la poesía, la literatura y la vida, su realidad, su experiencia vital, llevaron a Goethe a componer su autobiografía bajo el nombre de Poesía y Verdad. Su poesía defínese como el resultado de una imperiosa necesidad orgánica, base de su experiencia psíquica, habiendo llegado a afirmar a modo de explicación: “Mi verdadera dicha cifróse siempre en mi pensar y crear poéticos... El fondo poético es el fondo de la propia vida... No soy yo quien hace el poema, sino ellos los que me hacen a mí.”
Para él, en fin de cuentas, el único modo de llegar a alcanzar la realidad de la vida era mediante la poesía y el arte, transformando aquello que lo alegraba o lo hacía sufrir, o de cualquier otro modo le ocupaba el ánimo, en un poema. Desde el comienzo de su vida el poetizar fue para Goethe una real necesidad: necesidad de liberarse “en una canción, en un epigrama, en una rima cualquiera, de lo que le atormentaba” íntimamente. “En todo tiempo, afirma, proporcionóme el mayor deleite la reproducción poética de cuanto percibía en mí mismo, en los demás y en la naturaleza.”
Requirióse de un poeta genial para que un binomio tan peculiar pudiera realizarse en plenitud: el de poesía-verdad. Goethe comprende que el mejor poema es vivir. Su vida-obra tórnase, así, fuente inagotable de amor a la belleza, a la naturaleza, a la Poesía y a la Verdad. Sin “prisa y sin reposo”, ciegamente feliz, su vida fue “de lo útil a lo bello, por lo verdadero.” Lo que le permitió decir: “De la naturaleza, por dondequiera se la mire, brota siempre lo infinito.”
La poesía -ha dicho Eugenio Montejo- asume hoy, en nuestra era industrial, una condición subterránea que en su replegamiento encarna la esencia que toma el lugar de la creencia abandonada de Dios como redención de la vida. Ante una desvalorización de la conciencia en el plano público, la gente necesita verdades a las cuales aferrarse, y una de ellas es la poesía, porque le ofrece una verdad. La poesía es una verdad.
Para Montejo: “Pertenecemos más a nuestra época que a nuestro país, pues hay familias poéticas, identidades verbales que no siempre coinciden con las demarcaciones geográficas”. De ahí que nos insista en volver a los dioses profundos; en deletrear el áspero silencio; en la inmediatez y la trascendencia, en la soledad del horizonte, en el silencio redondo de la tierra, en el sonido forestal del mundo, en el rumor de alguna vieja caracola, en el canto de un gallo muerto en otro siglo, en el alumbraje, la resilencia o la “nostalgia cósmica”, “para estar a la hora en nuestra cena/ aunque las migas sean amargas.” Insistencias todas más que verdaderas.
Para la vida
“No sirve para alcanzar el poder, pero sirve para responder al poder con sentimientos cercanos. No sirve para enseñar a nadie nada, pero sirve para mostrar lo que acontece por el mundo. No sirve para matar, no sirve para morir, no sirve para rezar ni para jugar con fuego. Pero sirve para emocionar, para vivir en otros cuerpos, para vivir sintiéndose vivido, para sentir la belleza y hondura de las palabras que nos explican cómo somos. No sirve para gritar, no sirve para llorar, pero sirve para sentir el deseo, para alzar la voz en silencio, para que su tristeza te atraviese el pecho. No sirve para liberar a nadie, no sirve para juzgar a nadie. Pero sirve para hablar con libertad, para proclamar la inocencia de las cosas, para rebelarse contra la locura de la historia. No sirve para bailar, para emborracharse. Pero sirve para celebrar la vida, para embriagarse de otros sentidos, para moverse por otros lugares. Da vida a los muertos y nombra lo que a menudo no tiene nombre. No sirve para la muerte. Sirve para la vida. Es nada, pero al final sirve.” (Kepa Murua).
Sirve para llevar a Dios a misa. Para que la primavera camine al mercado entre panaderías y palomas. Para que a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra. Para que las gaviotas repartan el aroma de la rosa en las arenas. Para salir a todas las calles del mundo a repartir pescado. Para saber por quién la lluvia y los pájaros del mar llorarán mañana. Sirve para esconderle los dados a los dioses. Para que hablen los pueblos por su canto. Para dar con todos los azules de la tierra hacia la luz total de nuestras cosas. Para darle la mano a las manos temblorosas de la lluvia e irse cantando entre la dicha y la dureza, la cólera o ternura. Sirve para saber que no tenemos más remedio que vivir, ni más recuerdo que la vida. Para decidir dónde plantar los árboles, de nuevo. Para dejar escrito en la piedra el sueño del domingo.
Sirve para medir el hambre. Para saber bien en qué lugar hay sangre, dónde queda la razón, dónde la palabra, dónde la injusticia. Sirve para que ni un hombre pase sin que reine y sigan naciendo hasta llenar el mundo, sin que nadie los divida sino el sol o la noche, la lluvia o las espigas. Para que el mundo se pueble de palomas, y el hombre recuerde las sombras que nadó, hasta que quiera saltar al agua para caer al cielo. Sirve para distribuir las flores del mañana e ir galopando en el viento sobre el caballo de la lluvia. Para abrir cajones, llenar platos, destapar versos y botellas, vigilias, madrugadas y retratos, hasta que alguna vez si ya no somos, si ya no vamos ni venimos, estemos juntos, extrañamente confundidos, sirviéndole a la vida. La poesía es siempre un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina. (Poesía, Sociedad Anónima).
Para transformar la vida
Del 14 al 21 de junio de 2003, con la presencia fervorosa y masiva del público de Medellín y con la participación de 60 poetas de 50 países, se realizará el XIII Festival Internacional de Poesía de Medellín. Convocado y organizado desde sus inicios en 1991 por la Revista Latinoamericana de Poesía Prometeo, que reúne a un grupo de poetas de Medellín, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, demostrando que la poesía no es el privilegio de una élite sino el pan espiritual indispensable para la transformación de la vida, es un vigoroso proyecto poético, con connotaciones culturales, sociales, políticas y democráticas, en el que han participado poetas de todas las generaciones, regiones del mundo, tradiciones poéticas y tendencias expresivas, leyendo sus poemas en más de 40 lenguas, ante un público que en las doce versiones anteriores del evento pudo alcanzar casi un millón de personas. En un país donde la juventud es la víctima principal de la guerra, el Festival reúne a miles de jóvenes para escuchar el pensamiento poético, preservador de la vida, de boca de muchos de los mayores poetas de este tiempo, viajeros que llegan puntuales a la cita anual en Medellín, desde todos los confines de la tierra.
El Festival se propone, como principal objetivo, contribuir en el ascenso de la conciencia colectiva, mediante las potencias creadoras del espíritu que irradia la poesía, en un medio cultural lleno de vacíos y precariedades. Es una verdadera práctica de lucha por la paz y la coexistencia plural entre los colombianos, la convocatoria de multitudes en torno a la palabra poética en un tiempo de terror, como también lo es el debate y la presencia solidaria de los poetas del mundo en respaldo de una solución negociada a la guerra. Es una expresión de la resistencia cultural contra todas las formas de la muerte. Manifestación viva de la conjunción de culturas del planeta y por lo tanto contribuye poderosamente a la fundación de un ser más plural y universal; al fortalecimiento de una red universal de festivales poéticos, publicaciones y proyectos, para el desarrollo de la influencia de la poesía en el mundo.
Para limpiar cuando el poder corrompe
John Kennedy, al aludir a cierta analogía entre la poesía y el poder elaborada por el poeta Robert Frost, sostiene: "Cuando el poder conduce al hombre hacia la arrogancia, la poesía le recuerda sus limitaciones. Cuando el poder empequeñece los intereses del hombre, la poesía le recuerda la riqueza y la diversidad de su existencia. Cuando el poder corrompe, la poesía limpia. El artista que es fiel a su visión personal de la realidad se convierte en el campeón ultimo de lo individual y de la sensibilidad contra una sociedad opresiva y un estado interventor". (David de Ferranti).
Para cambiar la vida
Octavio Paz recuerda: “La poesía ha dicho Rimbaud, quiere cambiar la vida. No piensa embellecerla como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado al mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y las relaciones entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su propia conciencia. No pretende hermosear, santificar o idealizar lo que toca, sino volverlo sagrado. Por eso no es moral o inmoral; justa o injusta; falsa o verdadera, hermosa o fea. Es simplemente poesía de soledad o de comunión. Porque la poesía que es un testimonio del éxtasis, del amor dichoso, también lo es de la desesperación. Y tanto como un ruego puede ser una blasfemia”. “El poeta, agrega Paz, tiende a participar en lo absoluto, como el místico, y tiende a expresarlo.”
“La poesía es la revelación de la inocencia que alienta en cada hombre, en cada mujer, y que todos podemos recobrar apenas el amor ilumina nuestros ojos y nos devuelve el asombro y la fertilidad. Su testimonio es la revelación de una experiencia en la que participan todos los hombres, oculta por la rutina y la diaria amargura. Los poetas han sido los primeros que han revelado que la eternidad y lo absoluto no están más allá de nuestros sentidos, sino en ellos mismos. Esta eternidad y esta reconciliación con el mundo se producen en el tiempo y dentro del tiempo, en nuestra vida mortal... la eterna vivacidad: eso es lo que importa.” (Prócoro Hernández Oropeza. F. Nietzsche).
Para alentar todas las otras formas
Difícil arrear y arriar la Poesía. Sea porque alguien a ciegas la persiga; sea porque se la quiera institucionalizar por vía de Casas o Talleres, justamente de Poesía. Máxime si se llega a pensar que se trata de un género “en peligro de extinción” o una causa al borde del olvido. Ni género en peligro, ni causa camino del olvido, la Poesía, por el contrario, “el poema es el lugar por el que se escapa el alma de un pueblo” (Miguel Ángel Asturias). Nunca como en nuestra época, en la que la tecnología rige nuestra vida cotidiana, dejará la Poesía de ser la más alta expresión de la espiritualidad, puesto que “no hay arte sin poesía” (Eugène Delacroix), siendo el lenguaje poético el que apuntala toda y cada una de las artes.
A pesar de las tantas dificultades por amoldarla, amonestarla, amojamarla, amordazarla, amojonarla -institucionalizarla-, la Poesía se niega rotundamente a ser víctima de Decreto alguno. Voces autorizadas, como la de Washington Benavides, aseguran que “la poesía goza de buena salud”, en cuanto instrumento de toma de conciencia de pueblos, comunidades, aldeas, en compromiso con el arte y el hombre y el hambre.
Lejos de cualquier pretendida globalización del fenómeno poético o de que se llegue a calificar a la Poesía de mero “aparato ideológico”, lo que se evidencia es una gama universal, plena de lumínicas especificidades, de maravillosas posibilidades, de infinitas formas de asombro, inspiración, creación, osadía, testimonio, comunicación.
Koïchiro Matsuura, actual Director General de la UNESCO, sostiene que “la poesía ocupa, entre las diferentes formas de expresión humana, un lugar importante y particular... la poesía es algo más que un género literario establecido y codificado: alienta todas las otras formas de expresión literaria y artística... la poesía es poco exigente: una voz o una hoja de papel bastan para darle vida. La encontramos en todas las épocas y en todos los lugares, prueba de su universalidad y de su naturaleza trascendental. Una cultura se reconoce en sus poetas porque son ellos quienes consiguen dar forma concreta a sus pulsiones más secretas, a sus sueños más íntimos y a sus aspiraciones comunes... La poesía es igualmente un medio incomparable para la comprensión intercultural... dentro de su vocación universal de diversidad cultural y de paz en el mundo”.
Para la fidelidad al relámpago
“La poesía tiene como objeto inmediato, básico, producir una fractura y ésta consiste en quebrar la escala consuetudinaria, la escala repetitiva, empequeñecida de lo real. La poesía es un modo de vida o es nada: si es un modo del lenguaje, de la expresión, es por tanto un modo del ser, no del hacer. Cada poema tiene algo de relámpago. Yo no diría que el poema "es" un relámpago, sino que hay en él un relámpago. Evidentemente, la poesía, como forma de experiencia, es para mí la mayor intensidad posible.
El poema responde a un estado de disponibilidad, es decir, de ser capaz de abrirse, de recibir o de crear en un momento dado, mediante una imagen insólita, inesperada, no repetida. ¿Qué favorece un estado de disponibilidad? Varias cosas, sobre todo un elemento que la mayor parte de la gente ha olvidado, ha desterrado de sus vidas: la capacidad de detenerse. La poesía (como afirmaba Rilke) es experiencia. Creo además que es visión del mundo. La poesía siempre es decir de otra manera. Este "decir de otra manera" es para mí la mayor posibilidad que tiene el hombre. ¿En qué consiste el símbolo? Simplemente, en la posibilidad de decir una cosa mediante otra. La posibilidad de que algo diga otro algo. Esa otredad que radica en las cosas, pero que está en la entraña, en la médula de la poesía.
Incluso algunos poetas no entienden que la poesía es una fuerza que se impone, inevitablemente, en quien la crea. El poema no se "produce", no es un objeto de consumo. El poema se crea. Sí es una creación porque toma lo que hay y de ello hace algo que no hay. Esa es la más alta dimensión del hombre, que todos llevamos escondida en alguna parte.
En uno de los inolvidables poemas de Las flores del mal, Baudelaire dice que el mundo es como un bosque de símbolos: hay voces que llaman y voces que responden, entrecruzándose. Aquí se podría aplicar tal mirada: un poema mueve a otro.
Todo poema viene a insertarse en un mundo de poesía, arrastra consigo ese mundo. ¿Cómo no ver esa interrelación? Y sin embargo, paradójicamente, el poema es también autónomo: hay que verlo en su propia ley interior, al mismo tiempo que es preciso verlo en toda la poesía. Es la visión de Mallarmé: escribir un solo libro entre todos. Escribimos un solo poema. Lo que entonces surge es de todos y de nadie en particular. Es el hecho poético...” (De La fidelidad al relámpago. Una conversación con Roberto Juarroz).
Para la memoria de los pueblos
“Más que una vocación, la poesía es un destino. En ella se encuentra un cincuenta o sesenta por ciento de oficio, de rigor, de disciplina. Un poeta es una gente “descarnada”, es decir, una persona que va por el mundo sin piel, con la carne viva. Por lo tanto, las cosas que suceden le afectan más que a otros. No tiene nada que lo cubra, que lo proteja, y entonces, como respuesta a la vida, se da a la poesía. Un ejercicio impúdico, en el que el hombre se tiene que desnudar para escribir. Darse totalmente en cuerpo y alma. Hay que tener el oído bien despierto, alerta los ojos y toda la piel al descubierto. El instante en que usted escribe es de verdadera comunión con las personas y con la vida. Hasta con los muebles y las cosas. Escribir es el verdadero sentido de la vida. La poesía es liberadora. Sobre todo de las tensiones humanas. Creo que uno es como una caldera que está ardiendo y que va aumentando la presión cotidianamente, hasta que explota o hasta que se le abren las válvulas. La poesía es una de las válvulas que tenemos para liberar la caldera de la presión que vivimos, tanto de la alegría como del dolor. Las palabras llegan. ¡Ellas llegan! ¡Muchas veces ellas llegan aunque no las llame, pero me doy cuenta al momento de escribir!” (Jaime Sabines). “La poesía es una reflexión de la vida real. Es como un artículo en un periódico, una observación de lo que se vive en el mundo. Y algunos de mis poemas vienen de esa melancolía por el paraíso perdido y la tragedia de la guerra. La poesía es también un grito del corazón. (Indran Amirthanayagam). La poesía es la memoria de los pueblos y la gran fabricante de fantasmas.” (Octavio Paz).
“Aplastado por el cosmos, el hombre se yergue y lo desafía, el poeta desafía al universo. Por la poesía se iguala o supera al cosmos. La poesía es revelación, es vida en esencia, es el universo que se pone de pie. En realidad, la poesía nos hace ver todo como nuevo, como recién nacido, porque ella es descubrimiento, iluminación del mundo. Cuando sentimos que nos salen alas en la garganta y que todo nuestro cuerpo tiembla, estamos en presencia de la poesía. La poesía da vida a la muerte y más vida a la vida. La poesía es la vida de la vida, por eso podemos decir que es el juego de la vida y de la muerte. La poesía siente más que nada el destino del hombre, y cuando creéis que está cantando, ella está llorando la libertad que es el paraíso perdido o, mejor dicho, el paraíso nunca hallado del ser humano.” (Vicente Huidobro).
“La poesía es resistencia frente a un mundo que se vuelve cada vez más cruel, cada vez más terrible, deshumanizante, porque todo lo que pasa no está fuera de lo humano, y creo que la palabra es una forma de resistencia muy clara frente a todo esto. Lo extraordinario es cómo la poesía pese a todo, a las catástrofes de todo tipo, humanas, naturales, viene del fondo de los siglos y sigue existiendo. Ese es un gran consuelo para mí. Va a seguir existiendo hasta que el mundo se acabe si es que se acaba alguna vez.” (Juan Gelman).
Para la salvación del hombre
“Definir la poesía es una imposibilidad, una utopía, algo que no puede hacerse. Yo preguntaría: ¿se puede definir la vida? ¿Se puede definir la muerte, la música, el amor? No en vano... se habla de ese no sé qué. Y no hace mucho Pedro Salinas decía: Todo comentario a una poesía se refiere a elementos circundantes a ella: estilo, lenguaje, sentimientos, aspiraciones, pero no a la poesía misma. La poesía es una aventura hacia lo absoluto.
La poesía no se explica por circunstancias exteriores. Mucho más que las vinculaciones entre poesía y biografía interesa la relación entre la poesía y la vida interior. Creo que entonces terminaríamos por comprender que toda vida, si se la vive en profundidad, puede desembocar en la poesía. La poesía no es un oficio o una profesión, sino una forma de vida. ¿Un destino? Sí, es un destino. Pero es destino si el destino comprende azar, necesidad y también libertad, lo cual es señalar de alguna manera que no hay destino en la poesía sin creación.
La poesía equivale, para el poeta, a alguna forma de salvación. En primer lugar, la de sí mismo. Esa salvación equivale a la salvación del hombre: en sí mismo y en los demás. ¿Tiene la poesía un futuro? Yo preguntaría: ¿es suplantable la muerte, el hombre, el misterio, el infinito? ¿Es suplantable la palabra en relación con todo eso? Si las respuestas son no, la poesía sí tiene un futuro. El futuro de la poesía es como su pasado: para ella no existe el tiempo. La poesía es.” (Fragmentos de: Juarroz, Roberto: "Poesía y Creación - diálogos con Guillermo Boido").
Para el asombro antiguo
Borges ante el espejo de su sombra
A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; el arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara. Aquí también esa desconocida y ansiosa y breve cosa que es la vida. Más allá de este afán y de este verso me aguarda inagotable el universo. Dejo que me sucedan los días, acostado en la oscuridad. Aún, siquiera parcialmente, soy Borges… no sabré quién fue Borges. ¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día ulterior que sucede a la agonía. Piensa que de algún modo ya estás muerto. Si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo. Oh destino el de Borges, haber envejecido en tantos espejos, haber buscado en vano la mirada de mármol de las estatuas, haber examinado litografías, enciclopedias, atlas, haber visto las cosas que ven los hombres, la muerte, el torpe amanecer, la llanura y las delicadas estrellas, y no haber visto nada o casi nada sino el rostro de una muchacha de Buenos Aires, un rostro que no quiere que lo recuerde. Oh destino de Borges, tal vez no más extraño que el tuyo.
Gracias quiero dar al divino laberinto de los efectos y de las causas…por el fulgor del fuego que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo… por el hecho de que el poema es inagotable y se confunde con la suma de las criaturas y no llegará jamás el último verso… por la música, misteriosa forma del tiempo.
La mano jironada de un mendigo agrava la tristeza de la tarde. La noche es una fiesta larga y sola. La calle es una herida abierta en el cielo. Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto. Los días son una red de triviales miserias, ¿y habrá suerte mejor que la ceniza de que está hecho el olvido? Qué importa el tiempo sucesivo si en él hubo una plenitud, un éxtasis, una tarde. Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son lo que me ha querido y olvidado; espacio y tiempo y Borges ya me dejan. Dios ha creado las noches que se arman de sueños y las formas del espejo para que el hombre sienta que es reflejo y vanidad. Por eso nos alarman. Ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso.
Pido a mis dioses o a la suma del tiempo que mis días merezcan el olvido, que mi nombre sea Nadie como el de Ulises, pero que algún verso perdure en la noche propicia a la memoria o en las mañanas de los hombres. Yo que soy el que ahora está cantando seré mañana el misterioso, el muerto, el morador de un mágico y desierto orbe sin antes ni después ni cuándo.
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar, hay una calle próxima que está vedada a mis pasos, hay un espejo que me ha visto por última vez, hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo. Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos) hay alguno que ya nunca abriré. Este verano cumpliré cincuenta años; la muerte me desgasta, incesante.
Las cosas no sabrán nunca que nos hemos ido. Morir es una costumbre que sabe tener la gente. A todos, tarde o temprano, nos va entregando la vida. Los gauchos aprendieron los caminos de las estrellas. Fueron pastores de la hacienda brava. Eran sufridos, castos y pobres. La hospitalidad fue su fiesta. Alguna noche los perdió el pendenciero alcohol de los sábados. Mor&iacu